Turismo de salud en República Dominicana: estrategias de desarrollo, retos regulatorios y proyecciones hacia 2028
Entre 2020 y 2026, el turismo de salud dominicano pasó de absorber el golpe de la pandemia a consolidarse como el sector líder del Caribe y uno de los más relevantes de América Latina, hasta ocupar la posición 19 a nivel mundial en el ranking de la Asociación de Turismo Médico. Este artículo repasa los factores de ese posicionamiento —marco institucional, acreditación internacional, conectividad aérea y articulación público-privada—, los retos regulatorios pendientes y las proyecciones del sector hacia 2028, con foco en la Ley de Turismo de Salud, la formación de capital humano y la sostenibilidad del crecimiento.
Cinco años de crecimiento acelerado
La evolución del turismo de salud en la República Dominicana entre 2020 y 2026 ha sido, en términos cuantitativos, exponencial. La pandemia de la COVID-19 golpeó con fuerza al turismo médico en 2020, pero la recuperación fue rápida y el país se reposicionó antes que muchos competidores regionales.
En cinco años, el sector se ha estructurado: cuenta hoy con marco institucional, inversión en infraestructura, reconocimiento internacional y un aumento constante de visitantes. Ese avance se refleja en la posición 19 a nivel mundial —puesto 9 en la dimensión de industria de turismo médico y puesto 14 en entorno de destino—, dentro de un ranking de más de 40 países evaluados por la Asociación de Turismo Médico (ATM).
Dos impulsos explican buena parte de ese salto: la Orden Ejecutiva 787-21, emitida por el presidente de la República, y el trabajo sostenido de la Asociación Dominicana de Turismo de Salud (ADTS). Los resultados son medibles: en 2024 el turismo de salud generó un impacto económico de US$1,321 millones, con la llegada de 338,747 turistas en ese segmento.
Un punto de partida tardío
El mérito es mayor si se considera el punto de partida. Entre los países del entorno, la República Dominicana fue de las últimas en incorporarse a este mercado y ha tenido que imprimir una alta velocidad para posicionarse y ganar presencia: Colombia, México y Costa Rica llevaban años de ventaja en su posicionamiento internacional.
Los factores que han permitido acortar esa distancia son diversos, pero resulta determinante la combinación de calidad médica garantizada por acreditación internacional, precios competitivos y una ubicación geográfica favorable. A ello se suma el diseño de una estrategia global auspiciada por la Asociación Dominicana de Turismo de Salud, que da solidez a todo el ecosistema.
Cuatro ejes que se refuerzan entre sí
Las estrategias empleadas entre 2020 y 2026 se articularon en torno a cuatro ejes que se reforzaron mutuamente.
- El primero, el marco institucional: la Orden Ejecutiva 787-21 declaró el turismo de salud como sector de interés nacional y mandató al Ministerio de Salud Pública y al Ministerio de Turismo a coordinar una estrategia conjunta.
- El segundo, la articulación público-privada: a través de la Asociación Dominicana de Turismo de Salud, que ha sido el verdadero motor de la planificación, los estudios de mercado y la presencia del país en los foros internacionales.
- El tercero, la apuesta por la calidad: acreditaciones internacionales como Accreditation Canada y la Joint Commission International (JCI), y la norma NORDOM ISO 22525:2020, certificación oficial de excelencia en la prestación de servicios de turismo de salud y médico. El Hospital Metropolitano de Santiago (HOMS) es el único hospital acreditado en la categoría Platino de Accreditation Canada y el primero en obtener la certificación NORDOM ISO 22525:2020.
- El cuarto, la inversión en infraestructura diferencial: el sector público ha establecido una serie de beneficios para hacer más atractivas las inversiones en turismo de salud, lo que ha propiciado proyectos importantes en los últimos años. Uno de ellos es la construcción del HOMS Health and Wellness Center, con consultorios médicos, clínicas monográficas diferenciales y un hotel Residence Inn by Marriott.
La conectividad aérea como variable sanitaria
Esa misma articulación público-privada explica una de las inversiones más determinantes para el futuro del turismo de salud en el norte del país: la ampliación del aeropuerto internacional del Cibao, con una inversión que supera los 300 millones de dólares, una nueva terminal de pasajeros y la extensión de la pista de aterrizaje, que pasa de 2.620 a 3.000 metros, lo que permitirá recibir aviones de mayor capacidad y alcance, incluidos vuelos directos desde Europa.
El plan de expansión busca duplicar la capacidad operativa de la terminal de Santiago de los Caballeros, que en 2024 movilizó más de 960.000 pasajeros y se aproxima ya a la barrera del millón. A ello se suman la ampliación de la plataforma de aeronaves, las nuevas vías de acceso y la mejora del entorno de la terminal.
Para el sector salud, esta inversión no es un dato aeroportuario: es un dato sanitario. Más asientos, más rutas y más frecuencias significan más pacientes internacionales con acceso directo a Santiago, sin escalas ni traslados terrestres largos, algo especialmente relevante para quien viaja a operarse o a recibir un tratamiento. La conectividad es, junto a la calidad acreditada, la variable que más pesa en la decisión de un paciente extranjero, y el Cibao está a punto de dar un salto en ambas.
Los retos regulatorios pendientes
Los datos avalan la ruta recorrida, pero todavía queda camino por delante, sobre todo en la parte regulatoria.
La Orden Ejecutiva 787-21 fue un paso fundamental; sin embargo, un decreto necesita una ley que le dé continuidad y respaldo en el tiempo, más allá de un gobierno. Por ello, la mejora más importante que está pendiente es la aprobación e implementación de la Ley de Turismo de Salud, junto con la puesta en marcha del Consejo Nacional de Desarrollo del Turismo de Salud (CONDETUSA), constituyéndose en estos momentos.
‘República Dominicana es hoy el líder de turismo de salud en el Caribe y uno de los más importantes de Latinoamérica’
También es indispensable una regulación clara en materia de habilitación: hay que certificar a las clínicas y hospitales que quieran atender pacientes internacionales, con parámetros verificables de calidad y seguridad, de manera que no cualquier centro pueda ofrecer estos servicios sin cumplir los estándares. Esto va de la mano con combatir el intrusismo profesional y los centros no acreditados, porque un solo mal episodio puede dañar la reputación de todo un país.
Proyecciones hacia 2028
Resolver esos pendientes es, además, la condición para sostener el ritmo de crecimiento previsto. Partiendo de los 338.747 turistas de salud registrados en 2024, superar los 500.000 en 2028 supone un crecimiento cercano al 50% en cuatro años, es decir, un ritmo sostenido de alrededor de 10% anual. Es una meta alcanzable con la capacidad instalada y la conectividad que entrarán en servicio en ese período, siempre que el marco legal acompañe y la calidad acreditada se mantenga como filtro de entrada al sistema.
Un impacto que va más allá de lo económico
Las cifras económicas son visibles, pero conviene remarcar que el mayor impacto no es solo el económico, sino también el social. Los pacientes internacionales pagan seguros con tarifas más elevadas que las que se manejan actualmente con las ARS.
Ese margen permite invertir en nueva tecnología, nuevos equipos, nueva organización y nuevos sistemas de información. Y de todo ello se benefician todos los pacientes que se acercan al hospital, sin excepción.
El turismo de salud también genera empleo al tiempo que atrae nuevas inversiones: empleo en la construcción de infraestructuras y en la prestación de servicios de salud. Se amplían servicios, aumenta el número de pacientes y se necesita más personal formado; y si además se cuenta con un proceso de acreditación internacional, se requiere la participación de profesionales capacitados y expertos en calidad, que deben sumarse al staff del hospital.
Seis acciones para sostener el crecimiento
- Las acciones necesarias para garantizar la sostenibilidad del turismo de salud se concretan en seis actuaciones:
- Consolidar la calidad como política de Estado: acreditación y certificación obligatorias de los centros que atienden pacientes internacionales, no como algo voluntario, sino como requisito.
- Completar el marco legal con la Ley de Turismo de Salud y darle una hoja de ruta clara, con respaldo institucional y continuidad más allá de un gobierno.
- Invertir en capital humano: formación continua, dominio de idiomas, profesionales expertos en calidad y en enfermería y, muy importante, la retención de ese talento.
- Fortalecer la conectividad aérea —con la nueva terminal del Cibao como pieza central— y la promoción internacional, con una estrategia de marketing y marca país a la altura del turismo tradicional.
- Mantener un entorno de inversión atractivo, con reglas estables en el tiempo.
- Seguir trabajando alineados el sector público y el privado, porque ninguno de los dos puede hacerlo solo.
Conclusión
No conviene ver el turismo de salud únicamente como un negocio o como una fuente de divisas, aunque también lo sea. Su mayor valor está en lo que deja dentro del país: obliga a profesionalizarse y genera una democratización en el acceso a tecnologías sanitarias que de otra forma no tendríamos. República Dominicana tiene todo para seguir escalando si mantiene la disciplina en la calidad y la seguridad.
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