La crisis de Ceuta
Las urgencias y las emergencias son situaciones que por definición ni se planifican ni se programan. Lo que sí se puede y se debe planificar es cómo se debe responder ante una emergencia y ante una urgencia. El triaje en un área de urgencias o la atención inmediata a un paciente en parada cardíaca, son ejemplos de respuestas planificadas a situaciones de emergencia o urgencia. Una buena organización sanitaria hace un esfuerzo para prever qué situaciones repentinas y graves pueden presentarse, y se organiza para responder de una forma eficaz y organizada mediante planes de contingencia. La gestión de riesgos se basa, entre otros elementos, en prever los posibles riesgos, evaluar su impacto, tanto en gravedad como en extensión, tratar de evitarlos y preparar la respuesta de la organización para cuando se presentan. Entre otros aspectos importantes cualquier plan de emergencias contempla la comunicación, que debe ser veraz y coordinada, de manera que no se emitan mensajes contradictorios ni discordantes.
Nada de todo esto se ha hecho para prever, tratar de evitar y responder de una manera organizada a una crisis como la que se ha presentado en Ceuta. Tampoco en las áreas de salud pública y asistencia sanitaria. Resulta increíble que después de la “marcha verde” de 1975, los varios asaltos a las fronteras de Ceuta y Melilla, tanto por tierra como por mar, y la periódica llegada de pateras desde las costas de Marruecos, no se disponga de un plan para responder a una violación de la frontera de esta magnitud. Durante la Segunda Guerra Mundial el general Rommel basó su estrategia para evitar la invasión de los aliados en el norte de Francia en combatirlos en la orilla del mar, porque sabía que una vez en tierra no habría manera de expulsarlos. Parece que nuestras fuerzas de seguridad no contemplan evitar las intrusiones en nuestro territorio soberano en la frontera y los asaltantes que así lo desean se acaban quedando.
‘Un mes después del asalto, la incapacidad de las autoridades del Estado para gestionar la crisis es evidente’
También resulta inaceptable que no se detectara que se iba a producir una invasión -eso es lo que fue- de 50 o 60 mil personas a una ciudad que cuenta con 83 mil habitantes. Si los servicios de información no se enteraron, alguien debería asumir responsabilidades por semejante fracaso. Si se enteraron y no informaron, o se enteraron, informaron y no se hizo nada, el fracaso es mayúsculo. Finalmente, un mes después del asalto, la incapacidad de las autoridades del Estado para gestionar la crisis es evidente. De la gestión de la comunicación lo único que se puede decir es que resulta inexistente.
Todo lo relacionado con la salud pública y la asistencia sanitaria en Ceuta después del asalto también está sumido en una vorágine de informaciones contradictorias. Las autoridades del Ministerio -ministra, secretario de estado y dirección del INGESA-, tardaron 17 días en acudir a Ceuta para limitarse a decir que la situación estaba bajo control.
La única autoridad que se ha mostrado a la altura de las circunstancias y que ha mantenido una política de comunicación coherente y veraz ha sido la del presidente de la Ciudad Autónoma. Los ministros y ministras, secretarios de estado y demás autoridades del gobierno han mostrado tanto su incapacidad de gestión como su nula empatía con la población ceutí y con los profesionales sanitarios.
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