La pediatría del siglo XXI: más supervivencia, nuevos retos y la importancia de acompañar a la infancia

Last Updated: 14/09/2026By Tags:

En el cuarto podcast de la Asociación Española de la Calidad en el área de Salud, José María Martínez conversa con Esther Aleo Luján sobre los principales retos actuales de la pediatría: salud mental, pantallas, alimentación, vacunas, alergias y el papel de las familias en el desarrollo infantil.

La infancia ha cambiado de forma profunda en la última década. La pediatría actual ya no se centra únicamente en las enfermedades infecciosas agudas, sino que afronta un escenario mucho más complejo, marcado por la cronicidad, la salud mental, la neurodiversidad, los determinantes sociales de la salud y el impacto de los nuevos hábitos de vida.

Así lo explicó Esther Aleo Luján, directora médica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y patrono de su Fundación de Investigación, durante el cuarto episodio del ciclo divulgativo de AEC Sanidad, conducido por José María Martínez, vicepresidente de la Asociación Española de la Calidad y presidente de New Medical Economics. Bajo el título “Los primeros años: pediatría para una infancia plena”, la conversación abordó algunos de los grandes desafíos sanitarios que afectan hoy a niños y adolescentes.

Según Aleo, la infancia y la adolescencia actuales presentan un perfil epidemiológico muy distinto al de hace diez o quince años. Uno de los grandes cambios ha sido el aumento de la supervivencia neonatal. Hoy sobreviven prematuros extremos de 22, 23 o 24 semanas, con tasas impensables hace dos décadas. Este avance representa un éxito para la neonatología moderna, pero también implica una mayor prevalencia de secuelas neurológicas, respiratorias o metabólicas a largo plazo.

Junto a ello, han aumentado las enfermedades crónicas pediátricas, como patologías autoinmunes, alergias alimentarias, dermatitis atópica, asma de difícil control o enfermedades inflamatorias intestinales. La especialista destacó que los fármacos biológicos, la inmunoterapia oral en alergia alimentaria y los anticuerpos monoclonales han transformado el pronóstico de muchas de estas enfermedades.

Otro de los grandes retos es la obesidad infantil, considerada por la Organización Mundial de la Salud como una pandemia global. En Europa, aproximadamente uno de cada cuatro niños de entre siete y nueve años presenta sobrepeso u obesidad, y España se mantiene entre los países europeos con tasas más elevadas, especialmente en entornos socioeconómicos vulnerables.

Sin embargo, Aleo subrayó que el cambio más preocupante está relacionado con la salud mental. Los servicios de psiquiatría infantil han registrado un aumento importante de consultas por ansiedad, depresión, autolesiones, trastornos de la conducta alimentaria e ideación suicida. Lo más llamativo, señaló, no es solo el incremento de casos, sino la precocidad y la gravedad con la que aparecen.

En este contexto, el uso temprano de pantallas se ha convertido en uno de los temas más estudiados en el neurodesarrollo pediátrico. La evidencia científica muestra asociaciones entre una exposición precoz y excesiva y alteraciones en el lenguaje, la atención, la regulación emocional y las habilidades sociales. Por ello, las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría y de la Asociación Española de Pediatría son claras: evitar las pantallas antes de los dos años, limitar su uso en la etapa preescolar y priorizar siempre la interacción humana real.

Aleo explicó que los primeros años de vida constituyen una etapa crítica de plasticidad cerebral. El cerebro infantil necesita contacto visual, lenguaje compartido, juego simbólico e interacción bidireccional. El problema de las pantallas no es solo su contenido, sino que desplazan actividades esenciales para el neurodesarrollo, como el juego libre, la lectura compartida, el sueño, la actividad física o la interacción social.

La especialista también insistió en la importancia de detectar de forma precoz posibles trastornos del desarrollo. Retrasos en el lenguaje, ausencia de sonrisa social, falta de contacto ocular, pérdida de habilidades previamente adquiridas o escasa interacción social pueden ser señales de alerta en los primeros años. En edad escolar, deben vigilarse el fracaso escolar brusco, la irritabilidad persistente, el aislamiento social, las somatizaciones frecuentes o los cambios llamativos de conducta. En adolescentes, cobran especial relevancia las autolesiones, la pérdida rápida de peso, el retraimiento, el descenso del rendimiento académico o el abandono de amistades previas.

El entorno familiar, según Aleo, tiene un impacto profundo y duradero sobre la salud física y mental del niño. Un apego seguro, la comunicación emocional, la estabilidad, la validación afectiva, los límites coherentes y la presencia emocional de los cuidadores actúan como verdaderos factores protectores. La resiliencia, añadió, no se construye evitando toda frustración, sino acompañando emocionalmente al niño mientras aprende a manejarla.

La alimentación en los primeros años también desempeña un papel determinante. Los primeros mil días de vida representan una ventana crítica de programación metabólica. La lactancia materna se asocia con menor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, infecciones y mejor neurodesarrollo. Además, los hábitos alimentarios adquiridos en la infancia tienden a mantenerse en la edad adulta, por lo que la prevención de la obesidad y del síndrome metabólico debe comenzar desde edades tempranas.

En relación con las vacunas, Aleo recordó que constituyen una de las mayores intervenciones de salud pública de la historia. Gracias a ellas se han erradicado enfermedades como la viruela y se está cerca de eliminar otras como la poliomielitis. No obstante, advirtió de la paradoja del éxito vacunal: al desaparecer muchas enfermedades, parte de la población pierde la percepción del riesgo, lo que favorece movimientos antivacunas y descenso de coberturas.

España, destacó, cuenta con uno de los sistemas vacunales más sólidos de Europa, con altas tasas de aceptación social, calendario unificado, acceso universal y rápida incorporación de nuevas vacunas o inmunizaciones, como la dirigida frente al virus respiratorio sincitial, que ha permitido reducir de forma muy significativa las hospitalizaciones por bronquiolitis.

La pandemia también ha modificado la pediatría. Durante el confinamiento prácticamente desaparecieron muchos virus respiratorios habituales, pero posteriormente aparecieron fenómenos de deuda inmunitaria, con epidemias fuera de temporada. Al mismo tiempo, la pandemia consolidó hábitos preventivos como la higiene de manos, la ventilación de espacios o el uso de mascarilla en situaciones de vulnerabilidad.

Otro aspecto destacado fue el valor del juego libre. Aleo defendió que el juego espontáneo es esencial para el desarrollo neurológico y emocional del niño, ya que favorece la creatividad, la regulación emocional, la negociación social, la resolución de conflictos y la tolerancia a la frustración. Las actividades estructuradas pueden ser beneficiosas, pero el desarrollo óptimo requiere equilibrio entre juego libre, descanso, interacción familiar y actividades organizadas.

La alergología pediátrica vive también una auténtica revolución terapéutica. La inmunoterapia oral alimentaria, las terapias biológicas y los nuevos enfoques personalizados están cambiando la forma de tratar alergias a alimentos, dermatitis atópica grave o asma alérgica. La especialista recordó que el enfoque actual es mucho más preventivo y personalizado que hace años.

Como mensaje final para las familias, Aleo defendió que los niños necesitan más presencia emocional que perfección parental. La resiliencia no nace de evitar dificultades, sino de aprender a atravesarlas acompañados. Los hijos, afirmó, deben ser vividos como un regalo para disfrutar, aprender y crecer junto a ellos, desde la firmeza, la guía, los límites y la autonomía progresiva.

“La mejor prevención en pediatría sigue siendo el cuidado humano de calidad”, concluyó.

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