¿Cuántos años tiene el talento?

Last Updated: 24/07/2026By Tags:

Hace unas semanas, durante una conversación con varios directores de Recursos Humanos, alguien lanzó una pregunta aparentemente sencilla: “¿Estamos preparados para gestionar organizaciones donde convivirán cinco generaciones distintas?”. La respuesta fue un silencio.

No porque faltaran ideas, sino porque, probablemente, aún no hemos asumido la magnitud del cambio que ya está ocurriendo.

Vivimos más. Trabajamos durante más tiempo. La pirámide demográfica se ha dado la vuelta y el mercado laboral ha dejado de ser el que conocíamos hace apenas veinte años. Sin embargo, muchas empresas siguen tomando decisiones con una mirada que pertenece al siglo pasado.

Hablamos de transformación, de inteligencia artificial, de nuevas competencias, de liderazgo, de productividad… pero seguimos teniendo un gran elefante en la habitación del que pocas veces hablamos con naturalidad: el edadismo.

Y quizá ese sea uno de los mayores riesgos silenciosos para la competitividad de nuestras organizaciones.

Porque el edadismo no siempre aparece disfrazado de discriminación evidente. A veces es mucho más sutil.

Está en esa vacante para la que “se busca un perfil joven”. Está en el profesional que deja de recibir formación porque “ya está al final de su carrera”. Está en quien deja de ser considerado para un proyecto estratégico porque alguien presupone que no querrá cambiar. Está, incluso, en quienes empiezan a dudar de sí mismos porque perciben que la organización ya no espera nada más de ellos.

Son pequeños gestos que, sumados, terminan construyendo culturas empresariales donde la edad pesa más que el talento. Y eso tiene consecuencias. No únicamente para quienes lo sufren, sino para las propias organizaciones.

Porque cuando una empresa deja escapar la experiencia, también pierde memoria, criterio, capacidad de anticipación y conocimiento del negocio. Pierde mentores. Pierde referentes. Pierde una parte de su identidad.

Paradójicamente, mientras muchas compañías reconocen tener enormes dificultades para atraer talento, otras siguen dejando escapar profesionales con un valor extraordinario simplemente porque el calendario sigue avanzando.

Quizá la pregunta no sea cuántos años tiene una persona. Quizá la verdadera pregunta sea cuánto valor sigue siendo capaz de generar. La buena noticia es que esta conversación está empezando a cambiar.

Cada vez más organizaciones entienden que gestionar la longevidad no consiste en prolongar carreras profesionales sin más. Consiste en rediseñar el trabajo para que las personas puedan seguir aportando lo mejor de sí mismas durante más tiempo. Y aquí Recursos Humanos tiene una responsabilidad enorme.

No basta con incorporar la edad como una dimensión más de la diversidad. Es necesario revisar los procesos de selección, los modelos de desarrollo, la formación, la movilidad interna, los sistemas de evaluación y, sobre todo, los estilos de liderazgo.

Porque el reto no consiste en gestionar personas mayores. El reto consiste en gestionar organizaciones donde la experiencia y la innovación dejen de competir para empezar a complementarse.

La evidencia científica lleva tiempo diciéndonos que la edad cronológica explica cada vez menos. Hoy sabemos que el estado de salud, la capacidad funcional, la motivación, el aprendizaje continuo o el propósito influyen mucho más en la contribución de una persona que la fecha que aparece en su documento de identidad.

«Gestionar la longevidad consiste en rediseñar el trabajo para que las personas puedan seguir aportando lo mejor de sí mismas durante más tiempo»

Por eso la longevidad ha dejado de ser únicamente un asunto sanitario para convertirse en un asunto empresarial. Las compañías que entiendan este cambio no solo serán más inclusivas. Serán también más sostenibles, más resilientes y, probablemente, más innovadoras.

Porque la innovación no nace exclusivamente de las ideas nuevas. Muchas veces nace del encuentro entre quien aporta una mirada diferente y quien sabe interpretar el contexto.

Quizá haya llegado el momento de dejar de hablar de edad y empezar a hablar de talento. Porque el talento no envejece. Lo que envejecen son, a veces, nuestros prejuicios. Y esos sí deberían jubilarse cuanto antes.

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