La reproducción asistida ante el reto del retraso de la maternidad
La Asociación Española de la Calidad aborda en su nuevo ciclo divulgativo los cambios sociales, médicos y emocionales que rodean hoy a la fertilidad, con la participación de la doctora María Cerrillo, especialista en reproducción asistida en IVI.
La Asociación Española de la Calidad, a través de su Comité de Salud y Sanidad, ha iniciado un ciclo divulgativo dedicado a las distintas etapas de la vida humana. En su primer episodio, conducido por José María Martínez García, vicepresidente de la AEC y presidente de New Medical Economics, el programa se detuvo en una fase previa a la infancia: la fertilidad y la reproducción asistida.
Para abordar esta realidad, el encuentro contó con la doctora María Cerrillo, especialista en Obstetricia y Ginecología y experta en reproducción asistida en IVI, quien explicó que la infertilidad se define como la incapacidad de concebir tras 12 meses de relaciones sexuales frecuentes. “Ese suele ser el momento en el que las parejas deberían consultar con un especialista”, señaló, aunque muchas lo hacen antes, especialmente cuando la mujer supera los 35 años.
Uno de los principales factores que explican el aumento de consultas es el retraso de la maternidad. Cerrillo apuntó a motivos laborales, económicos, personales y de conciliación. “Hoy en día, las mujeres desarrollan carreras profesionales más largas, buscan prosperar en el ámbito laboral y, mientras tanto, el tiempo pasa muy rápido”, afirmó.
La especialista recordó que el mayor potencial reproductivo femenino se sitúa antes de los 30 años. A partir de esa edad empieza a disminuir, especialmente desde los 35 y de forma más acusada después de los 40. “Al final, la biología es la biología”, subrayó.
Durante la conversación también se desmontó la idea de que la infertilidad sea siempre un problema femenino. Cerrillo explicó que las causas se reparten aproximadamente en un tercio femeninas, un tercio masculinas y otro tercio de origen desconocido. En este último caso, aclaró que no significa que no exista una causa, sino que no se detecta con las pruebas básicas.
Cuando una pareja acude a consulta, el proceso comienza con una anamnesis y una serie de estudios iniciales. A partir de los resultados, la edad y el tiempo de esterilidad, se indica una técnica u otra. Entre las opciones más habituales se encuentran la inseminación artificial y la fecundación in vitro, además de otras alternativas como la donación de semen u óvulos.
La vitrificación de ovocitos fue otro de los temas destacados. Cerrillo explicó que es una técnica en auge y que consiste en estimular a la paciente, extraer los óvulos y conservarlos por si los necesita en el futuro. No supone una garantía absoluta, pero sí una oportunidad, especialmente si se realiza en torno a los 30 años o antes de los 35.
La doctora también destacó el papel de la inteligencia artificial en el laboratorio. Actualmente, esta tecnología permite analizar los óvulos antes de congelarlos, compararlos con otros procedentes de ciclos de fecundación in vitro y estimar las probabilidades de obtener embriones y lograr un embarazo.
Otro de los avances abordados fue el diagnóstico genético preimplantacional, que se realiza sobre embriones dentro de un proceso de fecundación in vitro. Esta técnica permite conocer qué embriones están sanos y evitar transferir aquellos que no van a producir embarazo o que podrían derivar en aborto, algo especialmente relevante en mujeres de mayor edad.
El perfil de quienes acuden a reproducción asistida también ha cambiado. Cada vez son más las mujeres solteras que deciden ser madres y las parejas de mujeres que recurren a estos tratamientos para formar una familia. En este último caso, una de las opciones es el método ROPA, por el que una mujer aporta los óvulos y la otra gesta el embarazo.
Además de la edad y los factores sociales, Cerrillo señaló que el estilo de vida también puede influir en la fertilidad. La alimentación, el estrés, la inflamación crónica o el sedentarismo son aspectos cada vez más presentes en consulta, aunque no siempre estén cuantificados. Por ello, recomendó apostar por una alimentación saludable, evitar procesados y cuidar los hábitos diarios.
La especialista insistió también en la importancia del acompañamiento psicológico. Los tratamientos de fertilidad pueden generar mucha frustración, sobre todo cuando no existe una explicación clara a los fallos. “Los pacientes hacen todo bien, tienen un buen embrión y, aun así, no se quedan embarazados”, explicó. Por eso, el apoyo emocional resulta clave durante el proceso.
Como mensaje final, Cerrillo quiso transmitir tranquilidad y esperanza: “Hay opciones y tratamientos”. Recordó que España es uno de los países europeos que más ha avanzado en medicina reproductiva y que hoy existen muchas más posibilidades que hace diez o veinte años. “No están solos y se les puede ayudar”, concluyó.
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