El paciente ha cambiado, ¿ha cambiado el sistema?
Cambio que va más allá de la tecnología
Durante décadas, los sistemas sanitarios se construyeron alrededor de una premisa sólida y aparentemente inamovible: diagnosticar correctamente, tratar con eficacia y resolver el problema clínico. Era suficiente, o al menos, el paciente aceptaba que lo fuera.
Pero algo ha cambiado de forma silenciosa y profundamente transformadora en la relación entre ciudadanos y organizaciones sanitarias. El paciente del siglo XXI ya no evalúa únicamente el resultado clínico, evalúa la experiencia completa.
Evalúa cuánto tarda en conseguir una cita, cómo se le informa, qué ocurre durante la espera, cómo se coordinan los profesionales que le atienden, si entiende lo que le sucede. Si percibe cercanía o indiferencia, si el sistema le acompaña… o le obliga a navegar solo por él.
Uno de los mayores errores estratégicos de muchas organizaciones sanitarias es pensar que el paciente compara hospitales entre sí. En realidad, el ciudadano compara la atención sanitaria con cualquier otra experiencia de servicio que vive en su día a día. La inmediatez de las plataformas digitales, la trazabilidad en tiempo real, la personalización de los servicios han redefinido el estándar de relación esperado.
Cuando alguien puede gestionar desde su teléfono operaciones bancarias complejas o recibir información en tiempo real de cualquier plataforma, resulta difícil comprender por qué sigue encontrando barreras administrativas, circuitos fragmentados y déficits de comunicación en un ámbito tan sensible como la salud.
La expectativa ya no es únicamente «ser atendido». La expectativa es «ser acompañado».
La evidencia científica confirma el cambio
Esta transformación no es solo una percepción subjetiva vinculada a la humanización. La evidencia científica empieza a demostrarlo con claridad. Un reciente estudio publicado en BMC Primary Care (Kiran et al., 2026) analizó las preferencias de más de 9.200 ciudadanos canadienses sobre atención primaria mediante un experimento de elección discreta para estudiar preferencias en servicios de salud.
El estudio planteaba cuatro escenarios clínicos reales :depresión con ideación autolítica, infección aguda de garganta, infección de transmisión sexual y diabetes descompensad y preguntaba a los participantes qué priorizaban realmente a la hora de elegir entre dos opciones asistenciales: rapidez de acceso, continuidad con su profesional habitual o cercanía física al centro.
El paciente no quiere elegir entre rapidez y confianza
Los resultados son enormemente reveladores. En todos los escenarios clínicos evaluados, la cita rápida fue el atributo más valorado. Pero (este es el dato más importante) la continuidad con el profesional habitual ocupó sistemáticamente el segundo lugar, muy por encima de la cercanía geográfica.
En el caso de la depresión, el 75% de los participantes priorizó el acceso rápido, pero el 66% también priorizó la continuidad con su profesional habitual, y solo el 56% consideró determinante la cercanía física. En el escenario de diabetes crónica descompensada, el peso de la continuidad fue aún mayor, igualando prácticamente al de la rapidez: 70% frente a 68%.
La continuidad informacional: el hallazgo más relevante
Quizá el aspecto más innovador y revelador del estudio de Kiran et al. sea otro. Los participantes aceptaban mejor ser atendidos por un profesional desconocido si este tenía acceso a su historia clínica y conocía su situación previa, en comparación con ser atendidos por un desconocido sin ningún acceso a sus registros.
Este hallazgo cambia profundamente la conversación sanitaria actual. La interoperabilidad de los sistemas de información y el acceso compartido a la historia clínica ya no son solo herramientas de eficiencia clínica. Son herramientas de confianza del paciente.
«La expectativa del paciente ha dejado de ser exclusivamente asistencial para convertirse también en relacional, emocional y organizativa»
Cada vez que un paciente tiene que repetir su historia, explicar lo ocurrido, recordar pruebas previas o actuar como coordinador del sistema, la confianza disminuye. La información compartida es, en ese sentido, una herramienta emocional tanto como clínica.
El estudio también confirmó que estas preferencias no variaron de forma significativa por edad, género, nivel educativo, renta, idioma o zona de residencia urbana o rural. El patrón es universal: los ciudadanos, independientemente de su perfil sociodemográfico, quieren rapidez, continuidad y, cuando esto no es posible, al menos que el profesional que les atienda conozca su historia.
El verdadero problema no es esperar, es sentirse perdido
Los datos del estudio de Kiran y colaboradores, leídos en clave de gestión sanitaria, revelan algo que muchas organizaciones todavía no han procesado del todo: el verdadero deterioro de la experiencia del paciente no proviene únicamente de las listas de espera, proviene de la fragmentación, la desinformación y la sensación de abandono.
Muchas organizaciones sanitarias siguen diseñadas alrededor de la lógica interna de los servicios, no desde el recorrido real del paciente. El resultado es conocido: duplicidades, pruebas repetidas, tiempos muertos, descoordinación, información contradictoria. Y pacientes obligados a actuar como intermediarios entre profesionales y niveles asistenciales, cargando con una coordinación que debería corresponder al sistema.

Infografía 2. ¿Qué priorizan los pacientes cuando necesitan atención primaria? Resultados del estudio Kiran et al. (BMC Primary Care, 2026).
La pregunta clave ya no debería ser únicamente «¿cómo optimizamos nuestros procesos?» sino también «¿cómo vive el paciente esos procesos?». Porque un procedimiento técnicamente excelente puede convertirse en una experiencia profundamente negativa si genera incertidumbre, desinformación o sensación de abandono.
La experiencia del paciente no es un indicador blando ni un complemento accesorio a la asistencia. Impacta directamente en la adherencia terapéutica, en los resultados en salud, en la seguridad del paciente, en la confianza institucional y en la sostenibilidad del propio sistema. Un paciente mal informado comprende peor su enfermedad, participa menos en las decisiones clínicas y tiene mayor probabilidad de generar demanda asistencial evitable.
Hablar de experiencia del paciente no es hablar de amabilidad, es hablar de calidad, eficiencia y seguridad clínica.
Cinco errores que hoy deterioran la experiencia del paciente
A partir de los datos disponibles y de la evidencia acumulada en los últimos años, es posible identificar los errores organizativos que más impacto negativo tienen sobre la experiencia del paciente en los sistemas sanitarios contemporáneos:
Pensar que la rapidez es suficiente. La rapidez sin continuidad genera fragmentación y desconfianza. El paciente puede obtener una cita al día siguiente con un profesional que no conoce su historia, sin acceso a sus registros, y salir de esa consulta con más incertidumbre de la que tenía al entrar.
Fragmentar excesivamente la atención. Cada profesional desconectado del anterior añade inseguridad al proceso. La coordinación entre niveles asistenciales y entre especialidades no es solo una cuestión de eficiencia: es una necesidad emocional del paciente.
Infravalorar la comunicación. A veces la ansiedad del paciente no proviene de la enfermedad en sí, sino del silencio del sistema. La falta de información activa en momentos de espera o de incertidumbre diagnóstica genera sufrimiento innecesario y desconfianza institucional.
Obligar al paciente a coordinar el sistema. Cuando el paciente debe repetir continuamente su historia o llevar físicamente sus informes de un nivel asistencial a otro, el sistema le está transmitiendo desorganización. Y el paciente lo interpreta exactamente como eso.
Ignorar la experiencia del profesional. No puede existir una experiencia excelente del paciente construida sobre profesionales exhaustos. La sobrecarga asistencial, la presión burocrática y las agendas saturadas deterioran tanto la experiencia del paciente como la del profesional que le atiende. Ambas forman parte del mismo ecosistema.
Lo que implica esto para los gestores sanitarios
Los hallazgos del estudio de Kiran et al. y la evidencia acumulada sobre experiencia del paciente tienen implicaciones concretas para quienes gestionamos organizaciones sanitarias, especialmente en entornos de recursos limitados como los hospitales comarcales o las áreas de salud rurales del Sistema Nacional de Salud.
Diseñar modelos de atención que garanticen acceso rápido con continuidad informacional pasa por algunas condiciones ineludibles: interoperabilidad real de los sistemas de información clínica entre niveles asistenciales, estructuras de equipo que permitan la cobertura cruzada sin pérdida de continuidad, y mecanismos activos de comunicación al paciente en cada fase del proceso.
El modelo de Advanced Access desarrollado por Murray y Berwick en los años 2000, cuya filosofía central era «ver a tu propio paciente y no hacerle esperar», sigue siendo el referente conceptual más sólido. Los datos del estudio de Kiran confirman su vigencia: los ciudadanos están mucho menos dispuestos a elegir una opción asistencial que les obligue a esperar más de una semana o a ser atendidos por un profesional desconocido sin acceso a sus registros.
Esto exige repensar no solo los procesos asistenciales, sino la cultura organizativa. Informar también es cuidar, coordinar también es seguridad, escuchar también es eficiencia. Humanizar no significa perder productividad, sino eliminar las fricciones innecesarias que hoy consumen tiempo, generan malestar y erosionan la confianza.
Desde la perspectiva de los hospitales comarcales del SNS, hay una ventaja competitiva que no siempre valoramos suficientemente: la cercanía. El conocimiento del paciente, de su entorno familiar y social, de su historia a lo largo del tiempo. Eso es continuidad relacional en su forma más auténtica, según la evidencia disponible, es exactamente lo que los ciudadanos más valoran cuando están enfermos y vulnerables.
El reto es no perderlo, no sacrificarlo en la búsqueda de una eficiencia que, si no va acompañada de continuidad e información, no es eficiencia real: es una optimización de proceso que genera insatisfacción, pérdida de adherencia y mayor demanda posterior.
Conclusión: la memoria emocional del paciente
Los pacientes quizá olviden parte del tratamiento, quizá no recuerden el nombre del medicamento o la fecha exacta de la prueba diagnóstica. Pero nunca olvidarán cómo les hizo sentir el sistema sanitario cuando estaban más vulnerables. Nunca olvidarán si alguien les escuchó, si les explicaron lo que pasaba, si sintieron que alguien coordinaba su atención y velaba por ellos.
Esa memoria emocional es hoy uno de los activos más poderosos y más ignorados de cualquier organización sanitaria, también uno de los más frágiles. Basta una experiencia de fragmentación, silencio o desorientación para erosionar años de confianza construida.
La sanidad del futuro no será únicamente la más tecnológica ni la más eficiente en sentido estricto. será la que consiga algo mucho más difícil: mantener humanidad en sistemas complejos, ofrecer rapidez sin perder continuidad, coordinar sin burocratizar, e informar sin despersonalizar.
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