Prioridades del próximo ministro de Sanidad

Last Updated: 30/06/2026By Tags:

 

El Sistema Nacional de Salud (SNS) atraviesa desde hace algún tiempo la etapa más berlanguiana de su existencia.

La inestabilidad institucional derivada del nombramiento de seis ministros de Sanidad desde 2018¹, la conversión del Consejo Interterritorial en una conferencia sectorial polarizada/politizada², las concentraciones y huelgas permanentes por parte de los profesionales³, el máximo histórico alcanzado por las demoras en el acceso a la asistencia y a las prestaciones⁴… son algunas razones destacadas que fundamentan la afirmación inicial.

También influyen negativamente la falta de nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE) desde 2023⁵, la ausencia de un modelo de financiación autonómica y de la Sanidad actualizado y adaptado a las necesidades presentes⁶, y la corrupción, que cada día está más extendida en el entorno del Gobierno y acapara más y más titulares, más minutos, más impresiones, más retuit… en la actualidad política nacional⁷ y ⁸.

Con independencia de que las próximas elecciones generales sean adelantadas o convocadas en la fecha que toca⁹, hay quien diagnostica a partir de lo planteado en el párrafo anterior que la legislatura vigente está amortizada¹⁰, que en el hype cicle¹¹ del actual Consejo de Ministros, las expectativas -en lo que a sanidad respecta cuanto menos- han sido claramente sobredimensionadas y se ha vivido en exceso del quick win¹², y que lo mejor -lo más útil y práctico- para el SNS es centrarse desde ya en las que han de ser las prioridades del siguiente Ejecutivo; del próximo ministro/a de Sanidad.

Prospectiva estratégica

En términos de horizon scanning¹³ -y sin ánimo de polemizar con lo hecho, lo no hecho, lo mal hecho, lo comprometido e incumplido… en los últimos ocho años -pues como afirmó Churchill durante la II Guerra Mundial: “Si abrimos una disputa entre pasado y presente, encontraremos que hemos perdido el futuro”¹⁴-, nuestro sistema sanitario requiere de una prospectiva estratégica que posibilite la minimización de riesgos, de amenazas y debilidades, y que potencie las fortalezas y las oportunidades del modelo.

En el primer ámbito, son incuestionablemente imprescindibles unos PGE renovados y adecuados para la realidad actual; una asignación de recursos al SNS que garantice una respuesta apropiada en fondo y forma -innovaciones terapéuticas y tecnológicas incluidas- al envejecimiento, la cronicidad, la pluripatología, la polimedicación, la fragilidad… desde la calidad, la cohesión y la equidad, y una reorientación del sistema que genere sinergias con el ámbito social y el educativo, y que asegure el abordaje óptimo tanto de las patologías más prevalentes -cáncer, cardiopatías, neurodegenerativas, salud mental…-, como de las crisis de salud pública que estén por venir¹⁵ y las enfermedades raras.

En el supuesto de las fortalezas y las oportunidades, es capital una ordenación profesional renovada de la mano de los médicos, las enfermeras, los farmacéuticos, odontólogos, fisioterapeutas… que mejore su formación, su capacitación, su desempeño, sus condiciones laborales, sus competencias, sus retribuciones, su reconocimiento social… cuidando cada detalle desde el grado y la residencia hasta la jubilación, y considerando en todo momento que son el principal activo del sistema¹⁶.

Resulta de igual forma cardinal el refuerzo real y tangible -con cuantos recursos sean necesarios- de la Atención Primaria; la apuesta sin apriorismos por la colaboración público-privada -como valor complementario a lo público en asistencia, I+D… y con tanto accountability, garantías, transparencia… como se precise¹⁷-, y la plena integración de la Inteligencia Artificial en el día a día del SNS como parte de la governance intelligence global del propio sistema sanitario.

Además, la próxima persona elegida para dirigir el Ministerio de Sanidad ha de asumir la resolución de las demandas que la industria tiene sobre la mesa -autonomía estratégica, predictibilidad, desarrollo de un hub de innovación, indexación de contratos, ajuste del IVA…¹⁸ y ¹⁹- en su calidad de aliados estratégicos y tener siempre presente en cada decisión que tome -y que no tome- que la razón de ser del SNS es el ciudadano/paciente y que su bienestar, su calidad de vida, su longevidad… son el interés principal por el que debe velar en todo momento.

North star

Lo ideal para progresar en la dirección planteada sería contar con un Pacto de Estado a modo de north star²⁰, consensuado y suscrito por todos los agentes del sector; el mismo que dichos agentes llevan décadas considerando necesario y que ha sido imposible hasta la fecha²¹.

Ese gran acuerdo por la sanidad serviría de brújula táctica y operativa para, por ejemplo, sustanciar una nueva Ley General de Sanidad y para hacerlo, además, de forma convergente con el trabajo hecho, en desarrollo y en previsión de la Unión Europea.

Sencillo no parece, desde luego, pero nadie dijo que gobernar/gestionar -y la sanidad no es la excepción- fuera fácil.

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