Listas de espera: el problema no es la demora sino el sistema
Las listas de espera constituyen uno de los problemas más visibles de nuestro sistema sanitario. Periódicamente conocemos el número de pacientes pendientes de consulta, pruebas diagnósticas o intervenciones quirúrgicas, así como los tiempos medios de demora. Sin embargo, el debate suele centrarse exclusivamente en las cifras y mucho menos en las causas que explican por qué, después de décadas de reformas e inversiones, las listas de espera siguen formando parte de la realidad sanitaria española.
Conviene reconocer una evidencia: las listas de espera cero no existen. Siempre habrá un cierto desfase entre la demanda asistencial y la capacidad de respuesta del sistema. El problema aparece cuando esa demora deja de ser razonable y se convierte en una barrera para el acceso a la atención sanitaria. En ese momento se ve afectada la calidad asistencial, la seguridad clínica y la confianza de los ciudadanos. Y los principales perjudicados son siempre los pacientes.
La pandemia de la COVID-19 agravó una situación ya compleja. Miles de consultas, pruebas e intervenciones fueron aplazadas y, aunque se han producido recuperaciones parciales, las listas de espera continúan creciendo en numerosos ámbitos asistenciales. La pandemia no creó el problema, pero sí puso de manifiesto debilidades estructurales que todavía no han sido resueltas.
Con frecuencia se presentan las listas de espera como un problema exclusivamente presupuestario. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. España tiene una población cada vez más envejecida, con más enfermedades crónicas y situaciones de dependencia. Al mismo tiempo, la medicina moderna dispone de más capacidades diagnósticas y terapéuticas que nunca, lo que genera una demanda creciente. A ello se añade la escasez de profesionales sanitarios en numerosas especialidades y la existencia de importantes rigideces organizativas que dificultan el aprovechamiento completo de los recursos disponibles.
Uno de los aspectos más relevantes es la dependencia que el sistema ha desarrollado respecto a medidas extraordinarias para mantener niveles aceptables de actividad. Durante años se han utilizado las denominadas «peonadas» para incrementar consultas, pruebas e intervenciones fuera del horario ordinario. Estas medidas han permitido aliviar temporalmente las listas de espera, pero también han evidenciado que, en muchos casos, la actividad ordinaria resulta insuficiente para absorber toda la demanda asistencial.
La reducción o desaparición de estas actividades extraordinarias en algunos territorios ha puesto de manifiesto hasta qué punto las listas de espera dependían de ellas. Lo que debía ser una solución coyuntural ha terminado convirtiéndose en un mecanismo estructural de funcionamiento. Además, las peonadas generan con frecuencia conflictos organizativos y retributivos, y difícilmente constituyen una solución sostenible a largo plazo.
En este contexto deben interpretarse también las movilizaciones y huelgas protagonizadas por médicos y otros profesionales sanitarios. Más allá de la legitimidad de sus reivindicaciones, estos conflictos reflejan problemas estructurales relacionados con las condiciones laborales, la carga asistencial y la dificultad para atraer y retener profesionales. Cuando un sistema depende de actividad extraordinaria para contener las listas de espera, cualquier conflicto profesional tiene un impacto inmediato sobre su capacidad de respuesta.
Por ello, las listas de espera pueden entenderse como un indicador de la estabilidad del sistema sanitario. Cuanto mayor es la dependencia de medidas extraordinarias y más tensionados se encuentran los profesionales, mayor es la fragilidad del sistema.
La salud digital y la inteligencia artificial ofrecen oportunidades que todavía están insuficientemente aprovechadas. La telemedicina, las interconsultas virtuales, la gestión inteligente de agendas, el análisis de datos o la priorización clínica apoyada en inteligencia artificial pueden contribuir a mejorar la eficiencia y optimizar la utilización de los recursos disponibles. No resolverán por sí solas el problema, pero pueden convertirse en herramientas muy valiosas.
Otro aspecto que merece una reflexión serena es la utilización de todos los recursos sanitarios existentes en España. El debate suele plantearse en términos ideológicos entre sanidad pública y privada, cuando la cuestión fundamental debería ser cómo garantizar una atención de calidad en tiempos razonables. La existencia de recursos infrautilizados, tanto públicos como privados, obliga a analizar fórmulas de colaboración que permitan aprovechar toda la capacidad asistencial disponible en beneficio de los pacientes.
Las listas de espera tampoco deberían ser un instrumento de confrontación política. Su reducción exige planificación a largo plazo, acuerdos estables y continuidad en las políticas sanitarias, independientemente de los cambios de gobierno.
La solución de las listas de espera exige actuar simultáneamente sobre profesionales, organización, tecnología y gestión
Las soluciones existen y pasan por actuar simultáneamente sobre varios factores: mejorar la planificación de profesionales, establecer criterios homogéneos de priorización, aprovechar las posibilidades de la salud digital y la inteligencia artificial, optimizar la utilización de infraestructuras y equipamientos, utilizar eficientemente todos los recursos asistenciales disponibles y evaluar los resultados obtenidos.
Las listas de espera seguirán ocupando titulares mientras se analicen únicamente como una cifra. En realidad, son el reflejo de problemas demográficos, organizativos, profesionales, tecnológicos y políticos que afectan al conjunto del sistema sanitario. Mientras no se actúe sobre esas causas profundas, las demoras seguirán reapareciendo una y otra vez. La cuestión ya no es identificar el problema, sino decidir cómo afrontarlo de manera sostenida y eficaz.
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