Tecnología médica innovadora en el terreno de fuego…

Last Updated: 15/10/2026By Tags:

Un incendio no parece el lugar más adecuado para tomar constantes vitales. Calor extremo, humo, equipos de protección, movimientos continuos, comunicaciones complejas y normalmente, bastantes cosas más urgentes de lo que preocuparse. Sin embargo, puede que precisamente por eso sea uno de los escenarios donde conocer el estado fisiológico de una persona tenga más sentido.

Durante una intervención, los bomberos están sometidos a una combinación de carga térmica, esfuerzo cardiovascular, estrés, deshidratación y exposición a contaminantes. Además, los propios equipos de protección dificultan la disipación del calor generado por el organismo, aumentando aún más la exigencia fisiológica.

La pregunta parece inevitable: ¿podríamos saber que un bombero se está acercando a su límite antes de que su organismo se encargue de avisarnos?

El tiempo no lo explica todo

La duración de una intervención es un dato magnífico: es objetivo, sencillo de obtener y no necesita batería. Pero tiene una limitación importante: treinta minutos pueden suponer una carga fisiológica muy distinta entre un individuo y otro.

Estudios realizados durante ejercicios de extinción muestran frecuencias cardíacas mantenidas por encima del 85% de la máxima estimada y, algo particularmente interesante, importantes diferencias individuales durante la fase de recuperación.

Esto abre una posibilidad atractiva: complementar los protocolos habituales de rotación y descanso con indicadores fisiológicos individuales y objetivos. No se trata de sustituir los protocolos actuales ni la experiencia del responsable de la intervención por un semáforo electrónico, sino de aportar variables difíciles de percibir desde el exterior.

¿Qué podemos medir?

Más de lo que probablemente imaginamos, y lo que vendrá…

Bandas torácicas, textiles inteligentes y otros wearables permiten registrar frecuencia cardíaca, variabilidad cardíaca, frecuencia respiratoria, ECG, movimiento o temperatura. Sistemas como EQUIVITAL han sido utilizados experimentalmente en bomberos, transmitiendo información desde sensores situados bajo los equipos de protección hacia dispositivos receptores y plataformas remotas.

Desde el ámbito hospitalario llegan, además, tecnologías desarrolladas precisamente para resolver uno de los grandes enemigos de cualquier wearable: el movimiento.

En el ámbito hospitalario existen tecnologías de pulsioximetría diseñadas para mantener la precisión incluso durante el movimiento y en situaciones de baja perfusión. Uno de los ejemplos mejor conocidos es la tecnología SET de Masimo. También sabemos que actualmente existen sensores inalámbricos capaces de proporcionar monitorización continua sin mantener al individuo físicamente conectado mediante cables. Ya disponemos de sensores inalámbricos de temperatura y plataformas hospitalarias capaces de centralizar la información procedente de múltiples dispositivos.

No significa que podamos colocar mañana estos dispositivos en un bombero y utilizarlos durante una intervención ya que no han sido concebidos ni validados para este fin. Pero esto demuestra que buena parte de los componentes tecnológicos necesarios ya se han desarrollado: sensores pequeños, procesamiento avanzado de señales fisiológicas, comunicación inalámbrica y vigilancia remota.

El siguiente paso sería adaptarlos a un entorno bastante menos amable que una habitación de hospital.

El gran reto: saber cuánto calor llevamos dentro

De todas las variables, la temperatura probablemente sea una de las más interesantes y también una de las más difíciles de medir con precisión. Existe un estudio publicado en 2026 donde se usaron cápsulas ingeribles que permitieron conocer la temperatura central durante ejercicios con fuego real. Los resultados fueron prometedores, aunque también mostraron limitaciones. La tecnología pierde precisión cuando la temperatura supera ciertos umbrales y, además, requiere una logística particular basada en la ingestión previa de la cápsula. Aun así, puede constituir un primer paso interesante siempre que se protocolice adecuadamente su utilización.

La otra alternativa lógica es estimar la temperatura central mediante wearables y aquí conviene no adelantarnos mucho porque entramos en terreno de ciencia ficción… Al menos de momento, todavía no estamos en Star Trek.

Estudios recientes que han comparado sistemas como EQUIVITAL, KENZEN, ZEPHYR o CORE frente a métodos de referencia muestran que estos dispositivos pueden mostrar tendencias térmicas, pero su precisión disminuye precisamente cuando la temperatura aumenta o durante la fase de recuperación. Es decir: estamos cerca de obtener información útil, pero aún no está madura la solución y no podemos confiar en ella como para dejar que el algoritmo retire un bombero del terreno.

Incluso el sudor empieza a contar algo…

La siguiente generación de sensores va todavía más lejos. Ya existen parches microfluidílicos capaces de medir de forma continua la tasa de sudoración, la pérdida total de líquido, o la concentración y pérdida de sodio, combinándolo con la temperatura cutánea, flujo térmico y actividad física. Algunos transmiten los datos por Bluetooth e incluso pueden avisar al usuario cuando se alcanzan determinados niveles de perdida de líquido.

Probablemente ninguno de estos parámetros sea suficiente por sí solo, pero juntos empiezan a contar una historia interesante. Con la combinación podemos pensar en una escala de criticidad como los Early Warning Score aplicados a paciente hospitalario, donde se crea un algoritmo teniendo en cuenta el peso que cada parámetro tiene sobre una puntuación global, situaciones de riesgo antes de que se conviertan en un problema.

Frecuencia cardíaca. Frecuencia respiratoria. Temperatura. Saturación. Perfusión. Movimiento. Hidratación. Exposición térmica. Tiempo de intervención.

Entonces sí aparece el verdadero desafío

El problema no es solo medir, sino conectar. Y paradójicamente, el mundo de los bomberos está bastante avanzado en conectividad con sistemas ya implementados como los desarrollados por MSA, 3M Scott o Dräger.

En realidad, los bomberos ya conviven con sistemas de telemetría. Los equipos de respiración autónoma más modernos son capaces de enviar al puesto de mando información sobre el aire disponible, alarmas de emergencia o el estado de cada interviniente y permitir su visualización en una misma pantalla. El reto no es tanto transmitir datos como decidir qué nuevos datos merece la pena transmitir.

El problema es que no todos los sistemas funcionan igual. Algunos están diseñados como ecosistemas cerrados donde sensores, dispositivos, protocolos de comunicación y plataforma pertenecen al mismo fabricante. Esto proporciona una integración robusta, pero limita la incorporación de información procedente de terceros. Otros, en cambio, adoptan arquitecturas más interoperables y agnósticas respecto al fabricante, capaces de integrar datos de distintos dispositivos.

Difícilmente, un único fabricante podrá desarrollar con la precisión necesaria todos los sistemas de adquisición fisiológica que hemos mencionado. Por eso, el verdadero objetivo no es solo encontrar el sensor óptimo, sino conseguir que múltiples sensores especializados puedan hablar un lenguaje común.

La medicina lleva años enfrentándose a este mismo reto. Existen plataformas capaces de concentrar y estandarizar información procedente de múltiples dispositivos y fabricantes. Ese parece ser también el camino para los bomberos, aunque adaptado a un entorno bastante menos amable que una habitación de hospital.

De muchos datos a una decisión

El responsable de un grupo de efectivos abocado a una intervención no necesita recibir 30 curvas, ni obtener un máster acelerado en análisis de tendencias. Necesita información sencilla y accionable, similar a la que existe en el ámbito hospitalario con los monitores de signos vitales y las alertas tempranas de deterioro del paciente (early warning score). Sería interesante que se resumiera a mensajes procedentes de los resultados de un cálculo como “estado estable”, “carga fisiológica creciente”, “recuperación insuficiente” o “valorar relevo”.

Esta combinación de variables que tan buenos resultados está dando en las plantas de hospitalización para la detección precoz de deterioro, podría implementarse fácilmente si pudieran alimentarse los algoritmos con datos de alta precisión. No se busca sustituir la decisión humana, sino darle soporte objetivo.

Gestionar mejor al conjunto de la dotación es el objetivo final, para lo que necesitamos un sistema capaz de identificar qué miembros están en mayor riesgo, o qué equipo comienza a acumular miembros con mayor carga fisiológica, cuál ya se ha recuperado suficientemente. De esta forma se contaría con información valiosa para organizar relevos, distribuir recursos y evitar exposiciones innecesarias.

Y con suficiente información acumulada, se pueden explotar los datos con herramientas de IA que permitan comprender el límite de cada miembro de la cuadrilla, comenzando una gestión personalizada del recurso humano aplicada al trabajo en condiciones extremas.

Próximos pasos

Será necesario validar sensores sometidos a calor, sudor, movimiento y baja perfusión reduciendo las falsas alarmas. Será imprescindible resolver la comunicación con barreras, típicas de edificios, garantizando también la interoperabilidad, sin dejar de lado a la protección de los datos personales. Y todo esto, demostrando que la información recogida mejora realmente la seguridad. Quizás dentro de unos años, el relevo de una dotación deje de depender únicamente de cuánto tiempo lleva dentro de un incendio y empiece a considerar también cuánto esfuerzo fisiológico ha supuesto ese tiempo para cada uno de los integrantes del equipo. Entonces, el tiempo seguirá midiéndose en segundos, pero no significará los mismo para todos.

¿Quieres ver lo que New Medical Economics te ofrece?

Se el primero en calificar este artículo