Sentirse enfermo: los problemas de salud como origen de la demanda en Atención Primaria

Last Updated: 30/09/2026By Tags:

Cuando hablamos de la presión que soporta la Atención Primaria solemos hacerlo a partir de su actividad: consultas, frecuentación, llamadas telefónicas, visitas domiciliarias o derivaciones. Son indicadores imprescindibles, pero describen fundamentalmente lo que hace el sistema. Para comprender la demanda necesitamos mirar un poco antes.

Antes de una consulta hay una persona que percibe que algo relacionado con su salud requiere atención.

Pedro Laín Entralgo, en El médico y el enfermo, incorporaba entre los elementos que configuran la relación con el médico cuestiones como “cómo siente su enfermedad” y “cómo ha respondido a su enfermedad”.  Al analizar los condicionantes sociales de esa relación se refería, además, a la “motivación de la llamada al médico”.

Esta mirada resulta especialmente útil para entender hoy la demanda asistencial. La persona puede experimentar un síntoma, dolor, una limitación, malestar o preocupación y considerar que necesita ayuda. Será después el profesional quien valore lo que ocurre, determine su significado clínico y decida qué respuesta necesita.

Entre ambos momentos existe una secuencia que conviene no perder de vista: problema de salud, percepción de necesidad, decisión de buscar ayuda, demanda asistencial y respuesta del sistema. Y es precisamente esa respuesta la que finalmente contabilizamos como actividad.

Por eso, el problema de salud no es la demanda y la demanda no es la actividad asistencial. Pero si queremos comprender el origen de la primera, debemos conocer qué está ocurriendo con los problemas de salud de la población.

‘El problema de salud no es la demanda y la demanda no es la actividad asistencial’

Este es el planteamiento que hemos seguido en Proyecto Venturi al analizar su evolución en Atención Primaria entre 2016 y 2024. Los resultados muestran que en 2024 43,8 millones de personas presentaron algún problema de salud, aproximadamente el 91% de la población analizada. En conjunto acumularon 429,4 millones de problemas, frente a 311,8 millones en 2016: cerca de 118 millones más. El promedio pasó de 8,3 problemas por persona en 2016 a 9,8 en 2024.

La población y su envejecimiento importan, pero no bastan para explicar esta realidad. Para comprender la presión potencial sobre Atención Primaria debemos observar también cuántas personas presentan problemas de salud, cuántos acumulan, cuáles son y cuánto persisten en el tiempo.

Naturalmente, un problema de salud no genera automáticamente una consulta. En muchas ocasiones es la persona quien, al percibir una necesidad, decide buscar ayuda. Pero no siempre. En el seguimiento de numerosos problemas crónicos, por ejemplo, es el propio sistema sanitario el que establece revisiones, controles o pruebas, aunque el paciente se encuentre estable y no haya tomado la iniciativa de consultar. El problema de salud continúa estando en el origen, pero el contacto asistencial puede ser iniciado por el paciente o generado por el propio proceso asistencial.

A partir de ahí, la organización, la accesibilidad, los roles profesionales y la capacidad resolutiva determinarán la actividad que finalmente se produce. Un mismo problema puede generar respuestas asistenciales muy diferentes.

Esta distinción tiene consecuencias para la gestión. Si comenzamos nuestro análisis contando consultas, empezamos cuando buena parte del proceso ya se ha producido.

Quizá debamos recuperar la mirada de Laín y situar de nuevo a la persona antes que a la consulta. La actividad es la parte visible; la demanda comienza antes, en los problemas y necesidades de salud de las personas y en el proceso que los transforma en búsqueda de ayuda o en necesidad de seguimiento asistencial.

Por eso, para comprender qué está ocurriendo en Atención Primaria, antes de contar consultas tenemos que comprender qué problemas de salud las están originando.

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