En los últimos años, la medicina estética ha experimentado un crecimiento exponencial en España, una especialidad sanitaria que cada año aumenta la cifra de los tratamientos médico-estéticos, así como el número de cirugías e intervenciones quirúrgicas.
Para situar este verdadero “boom” de la medicina estética, basta enunciar varios porcentajes: como un aumento de las intervenciones de la cirugía estética de un 215% con respecto al año 2014, según el estudio de “La realidad de la cirugía estética en España 2022” de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre); con un 118% más de unidades de medicina estética que en el año 2013; y con un 50% de la población española que se ha sometido a un tratamiento de medicina estética, según el informe “Percepción y uso de la medicina estética en España 2023” de la Sociedad Española de Medicina Estética.
Los números también son llamativos, registrando un número de tratamientos médico-estéticos en el año 2021, según la Sociedad Española de Medicina Estética, de un total de 871.525; más de 204.000 intervenciones de cirugía estética en ese mismo año, datos de la Sociedad de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), y cerrando el año 2024 con 7.661 establecimientos con una unidad de medicina estética, en base al registro general de centros, Servicios y establecimientos sanitarios del Ministerio de Sanidad.
La medicina estética es un sector en auge, y ello se debe a varios factores claves a tener en cuenta: como los avances tecnológicos y las nuevas técnicas desarrolladas, con procedimientos médicos más seguros, menos invasivos y con postoperatorios o periodos de recuperación aminorados; así como un acceso más económico a la medicina estética, con precios que se han visto reducidos debido a la oferta de nuevos operadores sanitarios en el mercado, que han facilitado el acceso a la clase media de tratamientos que hace veinte años estaban al acceso de unos pocos; y a una nueva conciencia social bajo el influjo de las redes sociales y los medios de comunicación, que ha despertado un mayor interés en mejorar el cuidado y el bienestar personal de uno mismo, así como su percepción social ante terceros.
Conviene de hecho detenerse en este punto, donde la constante comparación de los cánones estéticos y de belleza promovidos por influencers, celebridades y redes sociales en general, han generado inseguridades y trastornos de todo tipo en los usuarios que consumen los videos y tendencias de sus grandes referentes.
Un problema que puede afectar a la salud mental y física de las personas, en especial preocupa la población más joven. Una tendencia habitual en redes sociales, que genera, en algunos casos, una obligación social autoimpuesta consistente en marcar rutinas y hábitos de vida, que, sin el debido asesoramiento y consejo sanitario, puede perjudicar la salud física y mental de las personas. Me refiero a la imposición de dietas o la práctica de ejercicio físico en exceso, sin un acompañamiento profesional y una consulta médica, o en hilo al tema iniciado, deseos impulsivos a someterse tratamientos, sin un previo ejercicio reflexivo, aceptando los riesgos y consecuencias inherentes de toda intervención médica.
‘La constante comparación de los cánones estéticos y de belleza han generado inseguridades y trastornos de todo tipo en los usuarios que consumen los videos y tendencias de sus grandes referentes’
Siendo fundamental que estos tratamientos e intervenciones sean tomados con libertad y reflexión por los pacientes y usuarios, en base a los propios deseos y necesidades de ellos mismos, y no sustentados en expectativas externas, o promovidas por la presión del entorno social donde discurren, con el debido consejo experto, informando a la persona interesada, de los posibles riesgos asociados, y contando con su consentimiento y voluntad de llevarlo a cabo, todo ello a fin de evitar desagradables consecuencias, en algunos casos irreversibles.
Sin embargo, este interés en los tratamientos médicos e intervenciones estéticas, y unido en parte a los cuantiosos importes económicos que siguen suponiendo los mismos en la actualidad, aparece en boga un turismo sanitario a países que no cumplen con los cánones mínimos de seguridad que ofrecen los establecimientos sanitarios registrados en España y la Unión Europea. Uno de los casos más habituales de estos paquetes turísticos médico-estéticos lo vemos en Turquía, destacando los casos de pacientes españoles con alopecia o con problemas bucodentales, que acuden al país con el deseo de implantes capitales o dentales, a precios asequibles que en poco en nada se acercan a los importes españoles.
Si bien es cierto que en Turquía hay servicios sanitarios extraordinarios, como los puede haber en todas las partes del mundo, el usuario debe conocer que el establecimiento al que se dirige cumple con la normativa sanitaria y averiguar cuáles son los protocolos que se exigen para dichos centros, aspecto difícil de confirmar sin la intervención local en la oferta asistencial del tratamiento sanitario.
Tampoco hace falta irse fuera de España, para observar problemas de intrusismo profesional, donde personas sin la debida cualificación médica, realizan tratamientos estéticos, que en algunos casos han puesto en riesgo la vida de sus pacientes.
En este aspecto, diferentes reivindicaciones sociales y sanitarias reclamaron una mayor regulación de esta esfera, para garantizar que esta esfera fuese ejercida por profesionales con la formación adecuada. Lo cual, irremediablemente derivó en una modificación del vigente Real Decreto 1277/2003, de 10 de octubre, por el que se establecen las bases generales sobre autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios.
La respuesta del Ministerio de Sanidad en esta problemática ha sido rápida, pero con el mecanismo legislativo menos adecuado para tal fin, a través de Orden SND/1002/2024, de 18 de septiembre, por la que se modifica el anexo II del aludido Real Decreto, impulsada tras el fallecimiento de Sara Gómez, tras una intervención de lipoescultura en el año 2022, por facultativos que no contaban con la especialización necesaria.
Con esta Orden Ministerial se pretendía limitar a los profesionales que se estarían habilitados a llevar a cabo estas cirugías estéticas, que solo podrían ser intervenidas por licenciados o graduados en medicina, con la especialidad en cirugía plástica, estética y reparadora u otra especialidad quirúrgica o médico-quirúrgica que incluyese competencias en cirugía estética en su programa formativo oficial.
No obstante, este no era el mecanismo normativo adecuado para tal fin, al ser contrario al principio de jerarquía normativa, y así tras el recurso de la Asociación Española de Cirugía Estética y de un particular, la Audiencia Nacional acordó, sin entrar en el fondo del asunto, la suspensión cautelar de la citada Orden.
A tal fin, y tras el asesoramiento de la Abogacía del Estado, el Ministerio que dirige Mónica García, inició a finales de noviembre del pasado año, el proceso de consulta pública para modificar el Real Decreto 1277/2003, buscando recabar la opinión de ciudadanos, organizaciones y asociaciones, en la modificación normativa para que el ejercicio profesional de la cirugía estética sea realizado por médicos con la especialidad adecuada.
En los próximos meses veremos cómo se debate dicha modificación por parte de los grupos políticos, y la respuesta de la Asociación Española de Cirugía Estética, mientras tanto los consejos de la cautela, la prudencia, y la debida información, siguen siendo claves para que quien quiera someterse a un tratamiento o intervención médico-estética, pueda hacerlo con libertad, ante un especialista formado en la materia, y en unas condiciones de seguridad suficientes para que no volvamos a escuchar de nuevo en las rotativas nacionales casos como el de Sara.