Los falsos mitos frenan la innovación sanitaria
El 83,4% de los españoles está preocupado por la posibilidad de que la inteligencia artificial (IA) tome decisiones médicas sin supervisión humana y el 65,4% no se siente cómodo compartiendo sus datos de salud con sistemas de IA. Sin embargo, el 73,2% cree que esta tecnología puede mejorar el diagnóstico precoz y el 65,7% considera que puede ayudar a reducir la carga del sistema sanitario si se utiliza de manera responsable. Son datos de la II Radiografía del Autocuidado de la Salud en España, presentada este año por la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp), y reflejan una aparente contradicción: los ciudadanos perciben el valor de la innovación, pero necesitan garantías para confiar en ella.
La misma brecha aparece en el Future Health Index 2025 de Philips. El 77% de los profesionales sanitarios se muestra optimista sobre la capacidad de la IA para mejorar los resultados de los pacientes, frente al 56% de estos últimos. En España, el 72% de los pacientes valora positivamente utilizar tecnología para mejorar la asistencia, pero un 55% teme que pueda reducir el contacto humano con los profesionales sanitarios.
Una de las falsas creencias que más se ha extendido en los últimos años es que la IA terminará sustituyendo al médico. Sin embargo, los datos sugieren algo diferente. Los pacientes no parecen rechazar la tecnología, sino reclamar que las decisiones sigan contando con supervisión humana. El propio Future Health Index señala que un 45% se siente más tranquilo si las recomendaciones de una IA son revisadas por un profesional sanitario. Por tanto, el reto no debería ser enfrentar al médico con la máquina, sino explicar con claridad qué tareas puede asumir la tecnología, cuáles son sus límites y quién mantiene la responsabilidad clínica.
‘Persiste la idea de que digitalizar la asistencia supone necesariamente deshumanizarla’
También persiste la idea de que digitalizar la asistencia supone necesariamente deshumanizarla. Puede ocurrir cuando la tecnología se introduce sin tener en cuenta las necesidades de pacientes y profesionales, pero también puede producir el efecto contrario. La automatización de tareas administrativas, la monitorización remota o los sistemas de apoyo a la decisión pueden liberar tiempo y permitir que el profesional se concentre más en el paciente. De hecho, el 90% de los profesionales consultados en el Future Health Index considera que la IA tiene potencial para automatizar tareas repetitivas y un 72% cree que puede ayudar a reducir los tiempos de espera.
Algo similar sucede con la atención domiciliaria y los nuevos modelos de hospital sin paredes. La telemonitorización permite seguir a determinados pacientes fuera del hospital, mejorar la atención a la cronicidad y anticipar complicaciones. Sin embargo, para una familia, que el paciente permanezca en casa puede interpretarse como recibir menos atención si nadie explica adecuadamente qué seguimiento tendrá, qué señales se controlarán y cuándo intervendrá un profesional. La barrera, en ese caso, no es tecnológica, sino comunicativa.
Falta comunicación
Los datos sanitarios plantean otro reto importante. Europa avanza hacia un mayor intercambio de información clínica y hacia el Espacio Europeo de Datos Sanitarios, pero disponer técnicamente de esos datos no garantiza que ciudadanos y profesionales quieran utilizarlos o compartirlos. La Comisión Europea sitúa ya en el 87% el nivel medio de madurez de la UE en acceso electrónico a historiales sanitarios, pero la interoperabilidad, la privacidad y la ciberseguridad siguen condicionando la confianza. Si dos de cada tres españoles afirman sentirse incómodos compartiendo información de salud con sistemas de IA, será necesario explicar mucho mejor quién accede a esos datos, con qué finalidad y bajo qué garantías.
Existe además una falsa creencia dentro del propio ecosistema HealthTech: pensar que una buena tecnología terminará siendo adoptada por el sistema sanitario. La realidad es mucho más compleja. Una solución necesita evidencia clínica, interoperabilidad, financiación, integración en los procesos asistenciales, escalabilidad y aceptación por parte de profesionales y pacientes. La OCDE advierte en Health at a Glance 2025 de que la fragmentación de los datos y los problemas de interoperabilidad continúan limitando la continuidad asistencial, la eficiencia y el potencial de herramientas como la IA.
Estas barreras forman parte del debate que plantea el European HealthTech Forum 2026, que se celebra el 1 y 2 de octubre en Alcobendas (Madrid), y cuyo programa aborda IA, medicina personalizada, datos, interoperabilidad, ciberseguridad, compra, financiación, escalado y nuevos modelos asistenciales. Incluye además una mesa dedicada específicamente a pacientes, comunicación y confianza en la innovación, con el objetivo de analizar por qué una tecnología difícilmente puede adoptarse si pacientes y profesionales no la entienden o no perciben claramente su valor.
El encuentro finalizará con la elaboración de un Manifiesto por la Salud Digital 2026, destinado a convertir los retos detectados en compromisos concretos. Entre ellos debería figurar también la necesidad de comunicar mejor la innovación sanitaria: explicar beneficios sin exagerarlos, riesgos sin alarmismo y evidencias sin convertirlas en promesas.
Si queremos acelerar la innovación sanitaria en Europa necesitaremos mejores tecnologías, financiación, regulación e interoperabilidad, pero también combatir las falsas creencias que frenan su adopción. Porque una tecnología puede ser eficaz y segura, pero si profesionales y pacientes no la entienden o no confían en ella, difícilmente llegará a transformar la asistencia.
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