Fortalecimiento de las capacidades en salud ante un escenario de conflicto geopolítico: desafíos y estrategias en España

El contexto geopolítico actual, marcado por conflictos internacionales, crisis migratorias y amenazas emergentes, subraya la necesidad de fortalecer las capacidades del sector salud como un componente esencial de la seguridad nacional. La inversión en formación y recursos para los profesionales sanitarios no solo mejora la resiliencia de los sistemas de salud, sino que también garantiza una respuesta rápida y efectiva ante situaciones de crisis.

La salud como pilar de seguridad nacional

Históricamente, los conflictos han afectado de manera significativa los sistemas sanitarios, provocando desplazamientos masivos de población, interrupciones en los servicios de salud y la propagación de enfermedades. La pandemia de la COVID-19 demostró que una crisis sanitaria mal gestionada puede tener un impacto devastador en la estabilidad económica y social de los países. En este sentido, la salud debe ser considerada un pilar fundamental de la seguridad nacional, al mismo nivel que la defensa y la seguridad interior.

Si un país aumenta significativamente su gasto en defensa debido a una guerra o una amenaza de conflicto, esto puede impactar negativamente en la financiación de otros sectores, como la salud pública. Sin embargo, desviar recursos de salud pública a defensa no significa que se generen capacidades inmediatas en uno u otro sector.

Impacto en la salud pública por reasignación de recursos a defensa. Menos inversión en infraestructuras y personal: si se reducen los fondos para salud pública en favor del gasto militar, puede haber déficits en la renovación de hospitales, laboratorios y sistemas de vigilancia epidemiológica. Fuga de talento: en algunos casos, los profesionales sanitarios pueden ser reclutados para el ámbito militar (por ejemplo, en cuerpos sanitarios del ejército), reduciendo la disponibilidad en el sistema civil. Desatención de la prevención: la vigilancia epidemiológica y la preparación ante emergencias sanitarias pueden deteriorarse si los recursos se redirigen hacia otros ámbitos.

El problema de la capacidad instantánea. En salud pública: aumentar el presupuesto no se traduce en una mejora inmediata. Si tras una guerra se decidiera recuperar la inversión en sanidad, no se generarían médicos, enfermeras o especialistas en salud pública de un día para otro. La formación de estos profesionales lleva años, y las infraestructuras requieren planificación y tiempo de construcción. En defensa: de manera similar, aumentar el gasto en defensa no implica capacidades operativas instantáneas. Comprar armamento o aumentar el número de efectivos no garantiza una respuesta efectiva sin entrenamiento, logística y planificación estratégica.

Inversión en recursos y capacidades sanitarias

Para garantizar la preparación ante emergencias derivadas de conflictos geopolíticos, es necesario fortalecer las capacidades sanitarias mediante:

Aumento de personal capacitado. Formación especializada en atención en crisis humanitarias, epidemiología de guerra y medicina en escenarios de conflicto.

Suministro y producción estratégica. Reducción de la dependencia externa en medicamentos y equipos médicos esenciales, garantizando una cadena de suministro resiliente.

Infraestructura sanitaria adaptable. Creación de unidades móviles de salud y hospitales de campaña para atención rápida en zonas de crisis.

Colaboración con la industria de defensa y tecnología. Desarrollo de tecnologías biomédicas, telemedicina y sistemas de vigilancia epidemiológica en cooperación con el sector de la defensa y la innovación tecnológica.

Programas de formación especializada para la resiliencia sanitaria

La evolución de los conflictos y amenazas biológicas requiere que el personal sanitario esté en constante actualización. Es fundamental establecer programas de formación continua que incluyan:

Gestión de emergencias sanitarias. Entrenamiento en protocolos de respuesta rápida ante brotes epidémicos, desastres naturales y conflictos armados.

Bioseguridad y amenazas bioterroristas. Capacitación en manejo de agentes biológicos peligrosos y estrategias de contención de pandemias.

Tecnologías emergentes en salud. Uso de inteligencia artificial, telemedicina y big data para mejorar la vigilancia epidemiológica y la respuesta sanitaria en tiempo real.

Atención médica en zonas de conflicto. Formación en medicina de guerra, cirugía de emergencia y asistencia a víctimas de violencia y desplazamiento forzado.

Adaptación del mercado laboral sanitario. Desarrollo de competencias estratégicas para garantizar una oferta de empleo en salud que se ajuste a las necesidades del país en escenarios de crisis.

Estos programas deben estar integrados en los planes de estudio de las universidades y en la formación continua de los profesionales de la salud, con certificaciones específicas y simulacros periódicos. Asimismo, deben alinearse con el Real Decreto 639/2014, por el que se regula la troncalidad, la reespecialización troncal y las áreas de capacitación específica en el ámbito de la formación sanitaria especializada, y con la Ley 44/2003, de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, que establece los criterios para la formación y ejercicio profesional en el ámbito sanitario.

Coordinación intersectorial y cooperación internacional

Las crisis sanitarias y los conflictos geopolíticos requieren respuestas multisectoriales. La coordinación entre sistemas de salud, fuerzas de seguridad, la industria de defensa y organismos internacionales es fundamental para una respuesta efectiva. La creación de protocolos de actuación conjuntos y el intercambio de información facilitarán una mejor preparación y mitigación de impactos.

Riesgo de desprotección ante emergencias sanitarias

Si la inversión en defensa se prioriza a expensas de la salud pública, se pueden generar vulnerabilidades ante amenazas biológicas, pandemias o crisis sanitarias derivadas del conflicto (como desplazamientos de población, brotes epidémicos, etc.). La salud pública es también una cuestión de seguridad nacional, y descuidarla puede hacer que un país sea menos resiliente ante crisis de cualquier tipo.

Marco normativo aplicable

El refuerzo de las capacidades en salud en tiempos de crisis geopolítica debe sustentarse en la legislación vigente. Algunas normativas clave incluyen:

Constitución Española (Artículo 43): reconoce el derecho a la protección de la salud y la obligación de los poderes públicos de organizar y tutelar la salud pública.

Ley 33/2011, General de Salud Pública: establece las bases de la vigilancia epidemiológica y la respuesta ante emergencias sanitarias.

Ley de Seguridad Nacional 36/2015: contempla la salud como un elemento fundamental de la seguridad nacional y regula la movilización de recursos ante amenazas.

Estrategia de Seguridad Nacional Real Decreto 1150/2021, de 28 de diciembre, por el que se aprueba la Estrategia de Seguridad Nacional 2021.

Reglamento Sanitario Internacional (2005): marco legal internacional para la preparación y respuesta ante emergencias de salud pública de importancia internacional.

Ley 44/2003, de Ordenación de las Profesiones Sanitarias: regula la formación, competencias y ejercicio profesional de los trabajadores del sector sanitario.

Conclusión

Invertir en el fortalecimiento de la salud pública en el actual contexto geopolítico no es solo una cuestión de atención médica, sino una estrategia esencial para la estabilidad y la seguridad de las naciones. La capacitación continua, la infraestructura resiliente, la colaboración con la industria tecnológica y la coordinación intersectorial son elementos clave para enfrentar los desafíos sanitarios de un mundo en constante cambio.

Un sistema de salud fuerte es una defensa esencial frente a cualquier crisis.

 

Rosalía Fernández Vázquez, Doctora en Medicina. Master Gestión y Dirección de Instituciones Sanitarias. Analista de Inteligencia, Seguridad y Defensa, Internacional y Geopolítico.