Según la RAE, “humanizar es la acción de hacer humano, familiar y afable a alguien o algo”. Esta definición si la trasladamos al ámbito de la salud mental, implica apostar por una asistencia personalizada, tanto de la persona, como de su entorno cercano, libre de estigmas y tabúes, pero también sin prejuicios.

La humanización es indispensable para la interacción con pacientes y familiares, y más concretamente, en la personalización de la atención. Un modelo de atención centrado en la persona, de forma que entienda su situación y el punto de partida en el que se encuentra, y cómo vamos a trabajar para iniciar el proceso de tratamiento y recuperación. Es crucial, atender las cuestiones de salud mental de forma integral, de manera que tengamos en cuenta a la persona, el entorno y su vulnerabilidad psicosocial.

Una de las cuestiones a tener en cuenta en esa humanización es hablar con el paciente y con el entorno, de forma clara, pero cercana, es decir, explicando todo el proceso, y tratando de ayudarles a comprender aquellos tecnicismos que sean necesarios, y estando abiertos a resolver sus dudas.

Estas cuestiones forman parte de la humanización en la atención en salud mental y de los cuidados invisibles, pero necesarios, para la evolución de los pacientes. La humanización de la atención en salud mental, por su parte nos hace replantearnos y redefinir los modelos y protocolos de atención de la asistencia relativa a salud mental, en todas sus áreas, y nos hace mejorarlas, desde la concienciación, la prevención, promoción, detección precoz y diagnóstico, intervención y seguimientos.

‘No podemos hablar de humanización en salud mental, si no atendemos las necesidades de los profesionales de salud mental’

Ejes centrales de la humanización de la asistencia sanitaria, es como comentábamos, la concienciación y eliminación de estigmas y tabúes, la atención a problemas psicológicos con calidad, favoreciendo el acceso a los recursos y la continuidad de la atención necesarios, la atención a familiares, así como una valoración de la vulnerabilidad psicosocial de la persona, y todo ello, sin olvidar, la atención a los profesionales de salud mental.

No podemos hablar de humanización en salud mental si no atendemos las necesidades de los profesionales de salud mental. Por lo que se hace necesario, trabajar en la formación y en el cuidado de los profesionales de salud mental, para que puedan ofrecer un servicio actualizado y de calidad.

En este sentido, es fundamental, trabajar la gestión emocional de los profesionales en salud mental, debido a que trabajan constantemente con el dolor ajeno, y no son inmunes a ese dolor. Además, en muchas ocasiones, se trabaja y se viven situaciones críticas como los intentos autolíticos o la gestión de situaciones traumáticas, entre otras, por lo que es importante una adecuada gestión de esas emociones, para evitar fenómenos como el TEPT o el Burnout, a futuro.

La cultura de humanización debe impregnar la asistencia en salud mental desde las propias instituciones, entidades y organizaciones que trabajan sobre ella, desde la definición de su atención y abordaje, así como en sus profesionales, promoviendo, no sólo cambios en cuestiones técnicas, sino en actitudes, aptitudes, habilidades y competencias de todos los implicados en la asistencia en salud mental.

En este sentido, los espacios de atención a salud mental, deben ser protectores, libres de estigmas, tanto sobre los pacientes y sus familias como sobre los profesiones. Y es que, los profesionales que trabajan en salud mental, también están expuestos a esos estigmas y tabúes alrededor del concepto de salud mental, y son etiquetados por ello.

El paradigma de la humanización en salud mental y en diversos ámbitos como los recursos humanos, ha resurgido con intensidad recientemente, por lo tanto cabe plantearnos una pregunta ¿en qué momento se ha perdido la consideración por el otro, por las personas, para plantear la humanización como un reto social?

Trabajar por esa humanización en salud mental y en la participación activa de entidades y agentes sociales relacionados, porque la salud mental es parte de la sociedad y, es importante recordar, que no hay salud sin salud mental, por lo que la humanización de la salud mental, se perfila como un deber social.

 

Mª Dolores de la Cruz Fresneda, Psicóloga sanitaria y jurídica. Consultora Organizaciones y Empleo.
mariadolores.delacruz@hotmail.com