Carmen Mª Tornero Fernández, Redactora Jefe de New Medical Economics y Fundación Ana Bella

Cincuenta y una mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en España según el balance de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, actualizado a 4 de noviembre.

Violencia física, sexual, psicológica, vicaria, mutilación femenina, matrimonios forzosos, trata de mujeres con fines de explotación sexual… por desgracia son solo algunas de las distintas formas de violencia que puede sufrir una mujer, tanto en el ámbito familiar como fuera de él.
Muchas de ellas no actúan ante su situación por miedo o simplemente porque no son conscientes de que son víctimas de violencia de género, por ello la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género cuenta con medidas de protección integral para sus víctimas y familiares, y también con políticas públicas de sensibilización y concienciación social para que la mujer pueda reconocerse a sí misma como víctima y para que la sociedad sepa realmente lo que es violencia de género.

Además de proteger, concienciar, sensibilizar y promover la colaboración y cooperación de todas las administraciones públicas en todas las formas de violencia contra la mujer, esta Delegación es la fuente de datos estadísticos de víctimas mortales por violencia de género. Este registro de mujeres asesinadas se lleva realizando desde 2003 y muestra que, a fecha de 4 de noviembre de 2019, han sido asesinadas por sus parejas o exparejas 1027 mujeres y en lo que va de 2019 cincuenta y una. Según Rebeca Palomo Díaz, delegada del Gobierno para la Violencia de Género, de estas 51 mujeres, 11 habían puesto una denuncia, concluyéndose que “el porcentaje de mujeres asesinadas sin denuncia es de un 70%”. Por otro lado, el registro de menores asesinados por violencia de género se contabiliza desde el año 2013, hasta la fecha han sido asesinados 30 menores y en lo que va de año 3. “Hemos superado trágicamente las 1000 mujeres asesinadas por violencia de género. Creemos que esta cifra muestra cómo los asesinatos son fruto del sexismo, de un modelo de sociedad patriarcal que sigue utilizando la violencia como el máximo medio e instrumento de discriminación contra la mujer”, lamenta la delegada del Gobierno. Según ha contado Palomo, no hay un perfil de víctima específico, ya que cualquier mujer puede sufrir violencia de género, y tampoco hay un perfil de agresor, cualquier hombre puede cometer violencia e incluso un asesinato.

Las líneas estratégicas que se siguen desde la Delegación para combatir esta lacra social comienzan por el conocimiento de la situación de violencia de género. “Promovemos la coordinación y la colaboración entre todas las administraciones públicas -incluidas las administraciones autonómicas y locales- y para ello, entre otras cuestiones, transferimos fondos a las administraciones autonómicas y también ahora a las locales con la aprobación del Pacto de Estado”, afirma la delegada del Gobierno. Con estos fondos se quiere contribuir a que las administraciones impulsen servicios de información, asesoramiento, apoyo psicológico y cuenten también con recursos de acogida a las mujeres como son las casas, pisos tutelados, residencias…

Para realizar un abordaje integral de la situación de las mujeres víctimas de violencia de género, desde la Delegación prestan 3 servicios públicos: el primero es el 016 como teléfono de atención y asesoramiento jurídico, un primer paso al que las mujeres pueden acudir a recabar información, para poder reconocerse como víctimas. En segundo lugar, prestan el servicio de teleprotección móvil a víctimas de violencia de género (ATENPRO). Este Servicio consiste en entregarle a la víctima un teléfono móvil, para permitirles estar en contacto con un centro de atención y estén acompañadas siempre que lo necesiten. En caso de que las mujeres necesiten ser protegidas, desde este Servicio se deriva a los servicios más cercanos para que puedan atenderlas, incluidas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. El último servicio que prestan es el sistema de seguimiento por medios telemáticos, por el que garantizan el cumplimiento de las medidas que se han impuesto por un órgano judicial en casos de mujeres que ya han puesto una denuncia y tienen una orden de protección, o incluso una orden de alejamiento. Se controla que la medida sea efectiva y no se quebranta.

Como bien es sabido, el 016 es un teléfono de información y de asesoramiento jurídico, y para algunas víctimas es el primer paso para salir de su situación de violencia de género, pero también hay víctimas que salen de su situación de violencia de género a través de otros recursos. “Hay víctimas que verbalizan cómo se encuentran acudiendo a los propios centros de atención especializada que tienen las comunidades autónomas, como un paso previo además a la presentación de una denuncia, y desde los centros especializados se les deriva a su propia red de recursos si es necesario. Hay mujeres que previamente informadas presentan una denuncia y posteriormente acceden a la protección policial y judicial”, subraya Palomo. Una vez presentada la denuncia por violencia de género, las instituciones valoran el riesgo que tienen estas mujeres, además de incluirse en el sistema VioGén, competencia del Ministerio del Interior. A través de este sistema, de valoración y nivel del riesgo, se implementan unas medidas policiales de protección que se revisan periódicamente para ver si el riesgo aumenta o disminuye y determinar las medidas de atención y protección que necesita la víctima.

Desde la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género también se ha realizado un estudio que analiza el tiempo medio que las mujeres tardan en verbalizar su situación, tanto en acudir a los servicios autonómicos o locales como en presentar una denuncia. Según la delegada del Gobierno en esta materia es un estudio muy revelador: “Nos dice que las mujeres tardan una media de 8 años en verbalizar su situación, con lo cual nos da una medida de esa violencia oculta a la que tenemos que llegar. Además, el estudio va analizando cómo influye en determinadas circunstancias personales, sociales y laborales, para que la víctima verbalice su situación. A mayor nivel de estudios se tarda mucho más, incluso llegando a 20 años”. Otros datos significativos del estudio es que informa de cuáles son los factores que más influyen en que las víctimas tarden todo ese tiempo en dar un paso: habla del miedo al agresor, de la vergüenza que sienten y del cómo influye no reconocerse como víctimas.

Los centros sanitarios también son un punto de salida para las mujeres víctimas de violencia de género. “En nuestro sistema sanitario tenemos tres protocolos de actuación: el protocolo de violencia de género aprobado en el 2012, el de mutilación genital femenina aprobado en 2015 y el de trata de mujeres con fines de explotación sexual, un anexo al protocolo de 2012 que se aprobó en 2017”, narra Palomo. Estos protocolos ofrecen pautas de actuación homogéneas a todos los profesionales sanitarios de Atención Primaria, Especializada y Urgencias, incluyéndose las consecuencias que la violencia de género tiene en los hijos e hijas de las mujeres víctimas. Así, los profesionales pueden ser capaces de reconocer más allá de lo que una mujer pueda manifestar e intervenir con ellas derivándolas a los correspondientes profesionales y, en su caso, elaborar un parte de lesiones, que posteriormente es emitido al órgano judicial. “Del porcentaje de denuncias que llegan a los órganos judiciales, los partes de lesiones están entre un 9-10%, con ellos se da lugar a que se inicien las actuaciones judiciales”, documenta la delegada del Gobierno.

Fruto de la importancia que esta Delegación concede a los centros sanitarios como medio para salir de la situación de violencia de género, en las campañas de sensibilización que acaban de lanzar, aparecen los profesionales sanitarios como uno de los profesionales especializados además de estar a disposición de las mujeres para que les cuenten su situación y puedan salir de ella. “En esta campaña hemos optado por un perfil de mujer mayor, ya que las estadísticas nos dicen que son un colectivo especialmente vulnerable entre las víctimas de violencia de género. Queremos decirle a la mujer que no está sola, y con ello promover un entorno de apoyo y acogida que contribuya a denunciar”, explica Palomo.
También, desde esta institución, se han realizado otras dos campañas más. Una de ellas está centrada en prevenir las agresiones sexuales. Esta campaña está dirigida a los hombres, y sobre todo a los que potencialmente pueden cometer una agresión sexual, con un mensaje muy claro basado en el consentimiento de la víctima: solo SÍ es SÍ, y NO es NO. Y la última, está dirigida a los adolescentes, “estamos viendo cómo las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, más allá de todas las ventajas que nos ofrecen, son un instrumento para ejercer la violencia”, cuenta la delegada del Gobierno. A través de un trap quieren acercarse a todos los jóvenes y adolescentes para que identifiquen también esas conductas: PASIÓN no es POSESIÓN, y puedan diferenciar el límite entre una relación sana y una relación basada en el control.

Además de todas estas actuaciones que desarrolla la Delegación del Gobierno, están trabajando en el cumplimiento del Pacto de Estado. Un Pacto que tiene más de 200 medidas que involucran a todas las administraciones e instituciones, abarcando desde la sensibilización y la prevención hasta la protección de las víctimas. Rebeca Palomo destaca las dirigidas a Educación, “tenemos que cambiar nuestro modelo social, y tenemos que acabar con los roles y con los estereotipos que se nos atribuyen a las mujeres. Para ello, es imprescindible educar desde las primeras etapas en la igualdad entre hombres y mujeres y en el rechazo a cualquier forma de violencia, y en particular a la violencia contra las mujeres como medio de relación y como medio para mantener un modelo social”. También, según la delegada del gobierno, hay que prestar especial atención a la situación de violencia que sufren los niños y las niñas, y a la violencia vicaria, “los maltratadores no son un buen padre, así lo muestran las estadísticas”.

Pese a que lamentablemente las mujeres son asesinadas, la delegada del Gobierno para la Violencia de Género cree que el balance es positivo en la cobertura que se da a las mujeres ya que está aumentado el número de denuncias. Además, explica que somos un país de referencia en este ámbito, lo que “da muestras de la solidez de España en cuanto a nuestro sistema de protección y atención a víctimas de violencia”. Su gran reto es que haya más mujeres que accedan al sistema, pidan información, soliciten apoyo, cuenten con acompañamiento y puedan denunciar, “es un paso difícil y hay que hacerlo informada, asesorada y acompañada”.

Fundación Ana Bella

Siempre oímos hablar de las víctimas de violencia de género, pero casi nunca nada de las personas que se han salvado y que rehacen su vida.
Ana Bella fue víctima del maltrato durante 11 años, hasta que un día usó su fuerza, miedo y valor para coger a sus 4 hijos, meterlos en el coche e ir a denunciar. “La mayoría de las mujeres maltratadas somos invisibles porque no nos atrevemos a Romper el Silencio. De 62.000.000 mujeres maltratadas por nuestras parejas en Europa, solo el 14% pedimos ayuda”, cuenta la propia Ana Bella.


Ana Bella veía noticias de mujeres maltratadas en televisión y nunca pensaba que ella era una de ellas. Era una estudiante de Matrícula de Honor, una empresaria de éxito en Puerto Banús, tenía Rolls Royces y Porsches en los garajes de su casa frente al mar. Su marido le pegaba hasta con la correa y jamás se sintió una víctima de violencia de género. “Como a mí no me funcionaron las campañas con mujeres con el ojo morado, para ayudar a otras mujeres a Romper el Silencio, empecé a salir en la tele sonriendo y a cara descubierta, contando mi historia de superación. Más de 1.000 mujeres me llamaron después de mi primer programa, a la primera que ayudamos se quedó en mi casa, luego ella ayudó a otras mujeres y así es cómo nació la Fundación Ana Bella”, explica.

Desde la Fundación Ana Bella han apoyado a más de 28.000 mujeres, entre ellas a cirujanas, policías, abogadas, presentadoras de televisión, CEOS de multinacionales, … porque cuanto más alto es el nivel social, educativo y económico, más difícil es pedir ayuda: en vez de recriminar el comportamiento del que ejerce la violencia, se suele poner en cuestión la profesionalidad de la mujer que ha sido maltratada. “Las mujeres que somos maltratadas no somos el problema, son los hombres que maltratan a sus parejas los causantes de que exista violencia de género. Las supervivientes no somos el problema somos parte de la solución. Si hemos sido capaces de superar los malos tratos es porque somos mujeres muy fuertes, mujeres acostumbradas a trabajar bajo presión, mujeres que sabemos reinventarnos cada día para salir adelante, mujeres que nos reponemos rápidamente a la frustración, que tenemos una gran tolerancia al fracaso, que somos perseverantes y seguimos intentándolo a pesar de las dificultades, por lo que somos mujeres de éxito. Estas cualidades, que nos hicieron resistir y superar el maltrato, si las enfocamos en el mundo laboral, hacen de nosotras trabajadoras muy eficaces y comprometidas con el desarrollo económico y social de las empresas. Si las enfocamos en nuestra transformación personal, nos convertimos en mujeres supervivientes líderes de nuestro futuro. Si las enfocamos en transformar nuestro entorno somos agentes de cambio social”, subraya Ana Bella.

La Red de mujeres de la Fundación Ana Bella es una solución global innovadora que da respuesta a una vulneración mundial de los derechos humanos, que es la violencia de género que sufren 1.200 millones de mujeres en el mundo. Son eficaces en los 72 países donde tienen presencia. Han logrado que las mujeres maltratadas transformen su sufrimiento en experiencia y empatía, y canalizan el amor de las supervivientes para que actúen como agentes de cambio social en sus comunidades, complementando y en ocasiones supliendo los recursos públicos de apoyo a las víctimas. “Nunca duplicamos recursos, sino que complementamos los existentes, llegando a donde las administraciones no pueden llegar y actuando como AMIGAS de las mujeres que se han quedado sin amigas por el aislamiento al que sus maltratadores las someten. A través de la empatía, el amor y la sororidad de nuestra red de mujeres supervivientes, fortalecemos la red social de apoyo de las mujeres que están siendo maltratadas, generamos confianza para que rompan el silencio, las acompañamos hasta los recursos públicos y finalmente las apoyamos en su proceso de empoderamiento personal para que superen la violencia en positivo, no como víctimas sino como mujeres victoriosas”, detalla.
En la Fundación Ana Bella también colaboran con medios de comunicación, administraciones públicas y empresas para construir una sociedad igualitaria libre de violencia hacia las mujeres. “Las mujeres que hemos sido maltratadas dejamos de ser vistas como el problema porque actuamos como parte de la solución”, manifiesta Ana Bella.

No hay que ser experta o superviviente para ayudar a una mujer que está siendo maltratada, cualquier persona puede hacerlo. Según analiza Ana Bella, “ahora es el turno de que toda la ciudadanía actúe como agente de cambio social y para acelerar este proceso estamos trabajando con grandes empresas. Solo 2 de cada 10 mujeres maltratadas recibimos ayuda porque el resto no la piden, generalmente porque no se dan cuenta de que están siendo maltratadas. ¿Pero quiénes pueden darse cuenta? Sus compañeros/as de trabajo que pasan con ellas 8 horas al día”.
Gracias a empresas comprometidas (como Manufactura de Louis Vuitton, Damm, Boehringer, Pronovias, IKEA, Mullor, Sephora o Cobre Las Cruces), se está sistematizando la formación en prevención de violencia de género y creando protocolos de actuación para detectar y apoyar a las víctimas que suelen pasar desapercibidas. Forman a sus plantillas valiéndose del relato personal en positivo de una mujer superviviente y van detallando con ejemplos concretos qué es la violencia de género, cómo es ejercida y las señales de alarma para aprender a detectarla a tiempo en una misma o en una compañera. También aconsejan cómo ayudar a una compañera si está siendo maltratada y cómo actuar si alguna persona identifica que su relación es abusiva. Además, colaboran con el Colegio Oficial de Enfermería en sus programas de formación, ya que el personal sanitario formado, detecta cuatro veces más casos de mujeres maltratadas que el no formado.

En febrero de 2019 celebraron el primer Encuentro Internacional de la Red de Mujeres Ana Bella en Madrid. Se reunieron 300 supervivientes de más de 20 países para elaborar conjuntamente un decálogo de cómo ayudar a una mujer que está siendo maltratada. “Las 10 claves son: Pregúntale cómo está, escúchala sin juzgar. Hazle sentir que no está sola, que tiene una amiga o un amigo con quien puede contar. Créela, aunque lo que te cuente suene a ciencia ficción. No le digas lo que tiene que hacer, pregúntale ¿Cómo te puedo ayudar? Explícale con mucha paciencia por qué crees que está viviendo en una relación tóxica. Empatiza, ponte en su lugar, involúcrate sin decidir por ella. Respeta su ritmo, su tiempo para decidir, aunque necesite varios intentos antes de dejar la relación definitivamente. Comparte tu historia de superación para que utilice tu ejemplo en positivo. Acompáñala a buscar ayuda profesional y a acercarse a los recursos disponibles. Recuérdale lo mucho que vale, lo valiente que ha sido por romper el silencio y agradécele que haya confiado en ti”, enumera Ana Bella.

En definitiva, actuar como una amiga o amigo que la apoye incondicionalmente y que la acompañe en todo el proceso para que no se eche atrás.