Elena Carrascosa Romero, presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España

Last Updated: 15/10/2026By Tags:

“La podología tiene que estar dentro del sistema de salud”

Elena Carrascosa Romero, presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España, defiende que la evolución de la profesión debe traducirse en una incorporación efectiva al Sistema Nacional de Salud. La prevención, especialmente en pacientes con diabetes y enfermedades crónicas, es una de las claves para evitar úlceras, ingresos y amputaciones. En esta entrevista, reclama una planificación asistencial real, recursos y puestos de trabajo, así como una estrategia que reduzca las desigualdades territoriales. También aborda los retos de formación, investigación y tecnología, y el papel de los convenios con las mutualidades.

Lleva varios años al frente del Consejo. ¿Qué balance hace de esta etapa y qué ha cambiado más en la profesión?

El balance es bastante positivo, aunque todavía tenemos retos muy importantes por delante. En estos años, la podología ha experimentado una evolución muy significativa: ha crecido en formación, investigación, capacidad diagnóstica, cirugía y utilización de nuevas tecnologías, y también ha mejorado su reconocimiento dentro del sistema sanitario.

Desde el Consejo General, al que represento, estamos trabajando para que esa evolución profesional tenga una traducción institucional. La podología no puede seguir siendo percibida únicamente como una prestación vinculada al ámbito privado. Somos una profesión plenamente capacitada, integrada en el marco de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, y podemos prevenir, diagnosticar y tratar patologías que afectan directamente a la movilidad, la autonomía y la calidad de vida del paciente.

Creo que el cambio más importante es que estamos pasando de reivindicar la presencia de la podología en el sistema a debatir cómo puede ser esa incorporación.

Uno de los grandes objetivos del Consejo sigue siendo la incorporación de la podología al Sistema Nacional de Salud. ¿En qué punto se encuentra esta reivindicación?

Es probablemente la reivindicación más histórica y el objetivo más institucional que nos hemos marcado con la Junta de Gobierno con la que estoy trabajando. Hemos avanzado en reconocimiento y, sobre todo, en interlocución con las administraciones, pero España sigue siendo muy desigual en cuanto a las prestaciones sanitarias en el territorio.

A nivel del Consejo General, nuestros interlocutores son el Ministerio y los responsables de Ordenación Sanitaria y de Cartera de Servicios, que han ido cambiando. Hemos conocido a varios ministros y directores generales, pero nuestra reivindicación es la misma, independientemente del partido que gobierne: la podología tiene que estar dentro del sistema de salud, ya sea mediante convenios o plazas. Como las competencias están transferidas, las consejerías pueden adaptar el modelo a sus comunidades autónomas, pero la podología tiene que estar implantada.

Para nosotros, el modelo más eficaz sería incorporarnos tanto a Atención Primaria como a los equipos multidisciplinares que atienden a pacientes complejos o crónicos. Evidentemente, las comunidades autónomas tienen que adaptar el sistema. Los presidentes de los 17 colegios profesionales trasladan las inquietudes a las consejerías de Sanidad y a sus responsables, pero desde el Ministerio no hay una normativa única que establezca un modelo que deba implantarse.

Algunas comunidades han reconocido la categoría profesional y cuentan con podólogos dentro del sistema; otras ni siquiera la tienen creada. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, la categoría existe, pero no se han dotado plazas. La situación es muy desigual y hay una inequidad territorial. Extremadura ha creado la categoría profesional y va a dotarla de plazas. Andalucía también tiene la categoría y cuenta con un podólogo por provincia, aunque en una comunidad de ese tamaño podría quedarse corto. En Madrid hay profesionales en centros como en el hospital Ramón y Cajal, dentro de la Unidad de Cirugía Vascular, así como en el Príncipe de Asturias y en el hospital de Alcorcón. También existe una bolsa de trabajo. Sin embargo en  Murcia, Castilla y León y el País Vasco, no hay nada hasta el momento. En Cataluña funciona un sistema de convenios que atiende a numerosos pacientes diabéticos y a colectivos vulnerables a través de Cat Salut en colaboración con el colegio.

Sabemos que hay pacientes, sobre todo personas mayores y personas con diabetes o enfermedades crónicas, que tienen riesgo de ulceración o amputación. Una intervención precoz puede prevenir complicaciones mucho más importantes. No queremos tratar cuando la lesión ya ha aparecido, sino evitar que se produzca. Por eso la podología preventiva es tan importante.

La descentralización del sistema sanitario a veces juega en contra. Cuando el paciente llega al sistema, quizá ya tiene una úlcera o necesita un ingreso hospitalario, con los gastos y complicaciones que eso supone, o incluso puede acabar en una amputación.

El nuevo mapa de competencias de Atención Primaria abre una oportunidad para los podólogos. ¿Qué tendría que ocurrir ahora para que ese reconocimiento se traduzca en hechos?

El reconocimiento es importante, pero por sí solo no va a transformar la asistencia. Necesitamos pasar del reconocimiento normativo y estratégico a una planificación real. Esto implica definir qué prestaciones debe desarrollar el podólogo en Atención Primaria, establecer circuitos de derivación, identificar los perfiles de riesgo y favorecer la coordinación con medicina de familia, enfermería, endocrinología, cirugía vascular y el resto de los profesionales que atienden a estos pacientes.

El podólogo puede aportar muchísimo en prevención, especialmente en pacientes con diabetes, personas mayores y pacientes con alteraciones biomecánicas o patologías que puedan condicionar su movilidad y su evolución a lo largo de la vida. La cronicidad es una condición que hay que abordar y para la que debemos estar preparados. Las administraciones tienen que traducir ese reconocimiento en recursos, puestos asistenciales efectivos y un modelo organizativo concreto.

El pie diabético es uno de los ámbitos en los que la intervención del podólogo puede ser decisiva. ¿Qué margen existe todavía para mejorar la prevención y reducir complicaciones?

El margen todavía es enorme. Es uno de los ejemplos más claros de por qué necesitamos incorporar la podología al sistema de salud y a los equipos multidisciplinares, para prestar una atención integral al paciente.

Sabemos que el 85% de las lesiones en personas con diabetes van precedidas de una úlcera en el pie. Si prevenimos que aparezca, estaremos mejorando sus condiciones de vida. Convivir o caminar con una ulceración es muy difícil, por los riesgos neuropáticos, biomecánicos y vasculares que conlleva. Hay que estratificar al paciente y establecer programas de cribado y de seguimiento adecuados al riesgo de cada persona.

La población envejece y aumenta la cronicidad. ¿Está el sistema sanitario preparado para atender las necesidades relacionadas con la salud del pie?

Para todo ello, la formación de los ciudadanos tiene un papel muy importante. Una de las funciones del Consejo General es formar no solamente a los profesionales, sino también desarrollar una labor dirigida a los colectivos vulnerables.

Trabajamos con la Federación Española de Diabetes, con el foro multidisciplinar de FENIN y participamos en diferentes proyectos. Acudimos también al Congreso de la sociedad española de médicos de atención primaria, (Semergen).Este año, nuestra participación  ha estado más enfocada en la ecografía y en su uso diagnóstico en pie y tobillo, para dar a conocer a Atención Primaria lo que hacemos.

También hemos participado en la presentación de la guía de actualización para el manejo de onicomicosis en atención primaria ya que el CGCOP ha avalado el proyecto y participado activamente.

No se trata de formar a los médicos de Atención Primaria en podología, sino de mostrarles lo que somos capaces de hacer para que puedan derivarnos pacientes, tanto personas con diabetes como pacientes con enfermedades crónicas a los que podemos ayudar. Hay que evitar que aparezcan las complicaciones y actuar a tiempo.

La podología ha evolucionado mucho en formación, cirugía, investigación y tecnología. ¿Qué retos profesionales considera prioritarios ahora?

Tenemos varios retos para seguir avanzando. Queremos actualizar continuamente la formación universitaria y de posgrado y adaptarla a la realidad actual de la profesión. Tenemos una orden CIN por la que nos regimos y, evidentemente, sin el avance y el respaldo de las universidades y las sociedades científicas no podremos impulsar cambios normativos. La universidad tiene que avanzar, al igual que la formación que reciben los profesionales.

La biomecánica ha avanzado, así como el diagnóstico por imagen, la farmacología, la investigación y, sobre todo, las tecnologías digitales y la inteligencia artificial. Estas herramientas están entrando en nuestras consultas, por ejemplo, mediante agendas digitales y la digitalización de procesos, que pueden ayudarnos a centrarnos más en el cuadro clínico del paciente. También necesitamos impulsar la publicación de artículos científicos para que la regulación académica y la profesional evolucionen al mismo ritmo.

Hay que avanzar en la especialización y nutrirnos de evidencia científica, no solo de inteligencia artificial. Y, sobre todo, debemos garantizar al paciente la calidad de tratamiento que necesita, independientemente de la consulta a la que acuda, porque nuestros profesionales ejercen mayoritariamente en el ámbito privado.

Otro reto es explicar a la sociedad y a las instituciones lo que el podólogo es capaz de hacer y lo que nuestra titulación nos permite. Se mantiene una concepción más tradicional de la podología, centrada sobre todo en las patologías dérmicas, que también tratamos. Pero atendemos otros muchos problemas: recibimos directamente al paciente, realizamos estudios biomecánicos, hay profesionales especializados en podología deportiva y ofrecemos soluciones quirúrgicas cuando la patología lo requiere.

La colaboración entre profesionales sanitarios es cada vez más necesaria. ¿Qué papel debe jugar el podólogo dentro de los equipos multidisciplinares?

La atención sanitaria del futuro debe construirse sobre la colaboración entre profesionales, desde el reconocimiento y el respeto a las competencias de cada disciplina. En este contexto, la Podología debe ocupar el lugar que le corresponde como profesión sanitaria con competencias propias en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las patologías del pie y el tobillo.

Nuestra aportación resulta especialmente relevante en ámbitos como el pie diabético, la prevención de amputaciones, la atención a pacientes crónicos, la geriatría o las alteraciones de la marcha y la movilidad.

El podólogo no debe ser considerado un profesional al que se recurre únicamente cuando aparece una complicación, sino un integrante activo de los equipos multidisciplinares, que participa en la toma de decisiones clínicas, la prevención y el seguimiento del paciente.

Desde el Consejo General defendemos una mayor integración de la Podología en el Sistema Nacional de Salud, especialmente en aquellos procesos en los que nuestra intervención puede contribuir a mejorar los resultados clínicos, evitar complicaciones y optimizar los recursos sanitarios.

La verdadera multidisciplinariedad no consiste únicamente en reunir a diferentes profesionales, sino en integrar sus conocimientos y competencias para ofrecer al paciente una atención más completa, coordinada y eficaz.

También trabajan para reforzar la formación y la investigación. ¿Qué carencias detectan actualmente en estos ámbitos?

La Podología española ha experimentado una evolución científica, académica y asistencial muy importante durante las últimas décadas. Contamos con profesionales altamente cualificados y con una actividad investigadora creciente, pero todavía existen ámbitos en los que debemos seguir avanzando.

En el terreno formativo, consideramos necesario continuar actualizando los contenidos del Grado en Podología para adaptarlos a la evolución de la profesión, a los avances tecnológicos y a las nuevas necesidades asistenciales. Esta actualización debe desarrollarse en colaboración con las universidades, respetando su autonomía académica y aprovechando la experiencia de los profesionales que ejercen en los distintos ámbitos asistenciales.

También creemos importante avanzar en el desarrollo de itinerarios de formación avanzada y en el reconocimiento de áreas de especial capacitación, que permitan profundizar en determinados campos de la práctica podológica.

En cuanto a la investigación, uno de los principales retos es fortalecer las estructuras de apoyo, favorecer la financiación de proyectos y facilitar la participación de los podólogos en equipos de investigación multidisciplinares.

Asimismo, resulta fundamental impulsar estudios que permitan evaluar el impacto real de la intervención podológica sobre la salud de la población, especialmente en términos de prevención, calidad de vida, resultados clínicos y eficiencia sanitaria.

Desde el Consejo General queremos contribuir a generar un entorno que favorezca la investigación, la transferencia del conocimiento y la colaboración entre universidades, sociedades científicas, colegios profesionales e instituciones sanitarias.

Nuestro objetivo no es únicamente formar a mejores profesionales, sino conseguir que el conocimiento científico que genera la Podología tenga una mayor presencia en las decisiones sanitarias y en las políticas de salud pública.

En 2026 se ha prorrogado hasta 2030 el convenio con MUFACE para facilitar el acceso a la podología. ¿Qué supone este acuerdo para la profesión y para los pacientes?

Supone consolidar la apuesta que MUFACE hace por el Consejo General de Podología. Es un convenio que se firma, se renueva y actualiza los precios conforme al IPC. Creemos que hemos obtenido una tarifa bastante beneficiosa tanto para el paciente como para el profesional que se acoge voluntariamente a estos convenios de MUFACE, MUGEJU e ISFAS.

Las tres mutualidades se rigen por el mismo convenio y a los tres damos asistencia. Revisamos cada seis meses qué podólogos quieren adherirse de nuevo y cuáles desean dejar de formar parte. Se ha consolidado esa colaboración mutua, porque, dentro de este marco de cobertura, hay que facilitar que determinados pacientes puedan acceder a las prestaciones que necesitan.

Es un valor añadido que la podología se incorpore de manera organizada a una cartera asistencial. Establecemos circuitos de atención, criterios de calidad y mecanismos de coordinación.

Si mira hacia los próximos cuatro años, ¿qué cambio le gustaría poder presentar como el gran logro de su presidencia?

Me gustaría poder decir que hemos dado el paso decisivo e irreversible hacia la incorporación efectiva y equitativa de la podología. No se trata de implantar un modelo idéntico en todas las comunidades, porque el sistema está descentralizado, sino de garantizar unos mínimos comunes en esa cartera básica de servicios y priorizar a los pacientes que más necesitan nuestra asistencia clínica.

Hay personas que no acuden a nuestros servicios porque no pueden permitírselo. Tenemos que luchar contra esa desigualdad y evitar que haya una podología de dos velocidades. Necesitamos una estrategia más homogénea, con una incorporación real y efectiva de la podología y con equipos multidisciplinares.

Sería un logro para nuestros profesionales, pero también para los pacientes, que son nuestra razón de ser y el colectivo al que nos dedicamos. El verdadero objetivo es que haya más podólogos dentro del sistema. No es una cuestión corporativa: queremos que ninguna persona pierda la oportunidad de recibir prevención o tratamiento porque la atención que necesita no esté disponible en el lugar donde reside.

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