Son muchas las tareas que la Administración tiene pendientes para este recién estrenado año 2025, tareas que vienen del año pasado que no se completaron pese a haber transcurrido todo el 2024; es verdad que la Administración es voluntariosa y desea recordarnos todo lo que va a hacer en los próximos trescientos sesenta y cinco días.
Tropieza la bicefalia (Administración española y la europea) con un importante muro y es el de el exceso de instituciones, comisiones de trabajo, voces (muchas encontradas) y burocracia; poner de acuerdo a tantos no es sencillo, y cada uno quiere marcar su territorio, para que no se note que el exceso de nómina de vez en cuando hace algún movimiento y si no se hacen movimientos sólidos se filtran borradores normativos (que luego no se parecerán a la realidad) y vete a saber en lo que puede terminar, si es que termina.
Dirá quien lea estas palabras que he empezado el año un tanto negativo, bueno hay un dicho español en el que se asevera que el “movimiento se demuestra andando” y ojalá que me equivoque y asistamos a revoluciones normativas que necesitan asearse (las que estaban) y nacieran aquellas que pudieran dar una impronta de modernidad e ir con los tiempos y las necesidades del momento.
En la Unión Europea se habla de que estamos en una “legislatura de competitividad” en el sector farmacéutico y en la necesidad de apostar por la investigación y el desarrollo, pero ¿no se venía apostando ya sobre esta necesidad décadas anteriores? Esto me reafirma aún más en que o la Unión Europea muestra nuevos métodos que eviten retrasos y desbloquee los problemas que se ponen las propias estructuras comunitarias, o por el contrario asistiremos, una vez más, a la falta de progreso.
‘Ojalá asistamos a revoluciones normativas que necesitan asearse y nacieran aquellas más moderas que vayan con los tiempos y las necesidades del momento’
Escuchamos a responsables políticos europeos que con frases grandilocuentes siguen diciendo lo mismo e incluso haciendo comparativa con lo mucho que aprendimos en la pandemia. La competitividad y el acceso a los medicamentos no solo sería síntoma de igualdad, sino que representaría que el mercado europeo de medicamentos ha movido ficha para superar el muro al que hacía referencia al comienzo de mis palabras y hacer con ello menos dependiente el mercado farmacéutico europeo del resto del mundo.
A nivel nacional no podemos decir que la tarea que queda por delante sea poca. El proyecto de una nueva ley del medicamento (veamos cuál es el nombre cuando el trámite finalice) intenta abordar temas de extraordinaria importancia para los ciudadanos; desde el copago y su regulación para que este se adecúe a la renta de cada contribuyente a garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, garantizando la accesibilidad a los medicamentos (veremos cómo se solventa la mezcla de la información interministerios como Hacienda, Economía y Sanidad). El tratamiento que recibirán los medicamentos genéricos, los biosimilares y a aquello que se recoge en opiniones sobre el mercado de medicamentos de autocuidado, publicidad de los medicamentos sin receta, dispensación enfermera, esto entre otras cuestiones de no menos importancia que no entro a desglosar por razón del espacio y de la provisionalidad que aún tienen los temas.
La agilidad, la competitividad y la innovación son términos tan manidos que, aún así, no han perdido su importancia y significado, a no ser porque siempre es una asignatura pendiente que, para aprobarla, como los malos estudiantes, necesitan varios cursos.
Todo lo anterior sería un edificio de nueva construcción sobre los cimientos de la Ley de Estrategia de la Industria Farmacéutica, título grandilocuente que tiene su importancia y que en teoría hay un margen hasta el 2028 para su desarrollo que nace para “transformar el modelo actual, centrado en la capacidad de oferta de la industria, hacia un sistema dónde las necesidades de salud de la población sean el motor principal de toda la cadena de valor del medicamento”.
Pues bien, demos la bienvenida al año 2025, repleto de antiguas ilusiones por cumplir, y en la mano de las administraciones españolas y europeas está que los ciudadanos podamos disfrutar de una mayor calidad en las prestaciones sanitarias; es este un deseo no tan simple, sino más bien apuntando a un futuro que al igual que los ciudadanos, las comunidades autónomas en España les gustaría implementar.