Estas vacaciones veraniegas he tenido ocasión de leer el último libro de nuestra gran escritora Rosa Montero. Una interesantísima obra que recomiendo, llamada Los tiempos del odio, que es un thriller que se desarrolla, de forma muy original, en el año 2110.

Confieso que el principio me resultaba excesivamente surrealista y estuve incluso a punto de abandonar su lectura. Demasiada tecnología futurista para mi humilde desconocimiento.

Pero continué, afortunadamente, y vi como la autora me sumergía en un mundo apasionante y que ya no me parecía tan futurista y lejano. Y la acabé, integrándome como un personaje más en esa época que, evidentemente, no alcanzaré a vivir.

En muchos momentos aparecían aspectos relacionados con las enfermedades y su gestión. Y ello me dio la idea de concienciaros, queridos lectores, sobre cómo los cyborg ya existen y están entre nosotros, de forma más visible y real que todos los robots de los que tanto hablamos todos los días y de los que sí estamos alejados aún.

Y es que con ellos ya tenemos relaciones familiares de hermanos, primos o sobrinos, comemos todos los días en restaurantes, vemos la televisión juntos, vamos al cine, compartimos decisiones o hacemos el amor. Y son como nosotros de apariencia…, incluso nosotros somos cyborg. Gran parte de la humanidad lo es, incluso este que os escribe también.

Nuestros cuerpos son salvados de sí mismos a través de la tecnología. Por ejemplo, las vacunas. Casi todos hemos recibido al menos una, aunque solo sea de reprogramación de nuestro sistema para rechazar algunas infecciones.

Pero vayamos al principio y definamos que es un cyborg.

Según Wikipedia, un cíborg o cyborg, del acrónimo en inglés cyborg o cyber (cibernético) y organism (organismo), es un ser compuesto de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos,​ generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología.

El término fue acuñado por M. E. Clynes en 1960 para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas, en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración del espacio.

Ese concepto, que sigue siendo válido, ha evolucionado entre numerosos autores y, ya de acuerdo con ello, algunas definiciones del término, la conexión física y metafísica de la humanidad con la tecnología, ya ha empezado a influir en la evolución futura del ser humano, al empezar a convertirnos en cyborg. ​

Por ejemplo, una persona a la que se le haya implantado un marcapasos podría considerarse un cyborg, puesto que sería incapaz de sobrevivir sin ese componente mecánico. Otras tecnologías médicas, como el implante coclear, que permite que un sordo oiga a través de un micrófono externo conectado a su nervio auditivo, también hacen que sus usuarios adquieran acceso a un sentido gracias a la tecnología, aproximando su experiencia a la de un cyborg.

Nuestros cuerpos son salvados de sí mismos a través de la tecnología

Muchísimos de nosotros tenemos en nuestro organismo algún implante o mecanismo inorgánico que ayuda a esa batalla que tenemos declarada al envejecimiento en nuestro siglo actual.

Pero, mientras algunos luchan contra él mediante técnicas complicadas de demostrar que, aunque sean de base científica, ni siquiera pueden todavía probarse, esta fusión de lo orgánico y lo inorgánico tiene ya gran evidencia en un montón de patologías graves e, incluso, está aprobado por las agencias de evaluación sanitaria de todos los países occidentales. Salva vidas y prolonga, por tanto, su proceso de envejecimiento y esperanza de vida.

Los cyborg son (somos) fieles exponentes del progreso tecnológico, que decidieron incorporarse dispositivos que les permiten mejorar ciertos mecanismos corporales, suplir deficiencias e, incluso, otorgarles otras funciones que los diferencian del habitante tipo medio. La fusión cuerpo-máquina los convierte en seres casi únicos, especiales. Son los que algunos consideran que son los humanos del futuro y yo digo que son presentes…

Ya son mayoría en el mundo y gran parte de las decisiones sanitarias, y su correspondiente coste, no pertenecen ya solo a los humanos. Están absorbidas por los cyborg actuales.

Además, tienen diversos aparatos que monitorizan y ejercen acciones sobre el organismo biológico, para brindarles sentidos ampliados sobre los que perciben el resto de los seres humanos.

Sin embargo, los beneficios de los implantes chocan con los problemas que traen aparejados, como, por ejemplo, en los aeropuertos, donde las extensiones son observadas en detalle, siguiendo con las normas internacionales que impiden pasar los controles con un objeto tecnológico. Otros, con cámaras reemplazando partes de su cuerpo, pueden ser expulsados de lugares públicos con la excusa de preservar la identidad de los demás presentes.

¿Por qué no intensificar ya desde el punto de vista de sus derechos aprobar sus justas normas legales?

Ellos aducen ser los nuevos ciudadanos y solicitan el respeto y los derechos a ser reconocidos como una nueva categoría de ciudadanos en el mundo. Argumentan que con el tiempo todos seremos cyborg.

Profundicemos un poco y digamos que en Medicina, hay 2 tipos de ellos: los de restauración y los de mejora.

Las tecnologías de restauración se encargan de reestablecer funciones perdidas, órganos y extremidades. El aspecto clave de la que podemos llamar cyborgización restaurativa es la reparación de procesos tanto rotos o que faltan, para revertirlos y convertirlos a un nivel de función saludable o a un nivel promedio. No hay ninguna mejora a las facultades originales y los procesos perdidos.

Por el contrario, el cyborg encargado de mejora sigue un principio de rendimiento óptimo que consiste en la maximización de salida y la minimización de las entradas. Por tanto, un cyborg mejorado intenta superar los procesos normales o, incluso, adquirir nuevas funciones que originalmente no estaban presentes.

Así, en este caso segundo, aunque las prótesis, en general, suplementan cuerpos dañados o perdidos con la integración de un artificio mecánico, los implantes biónicos en medicina permiten que modelos de órganos, o partes del cuerpo, sean capaces de imitar la función original de una manera más exacta. Es el caso de los implantes cocleares, u oídos biónicos, por ejemplo.

Nada más empezar el actual siglo XXI, se realizó la primera operación de una extremidad totalmente robótica a través de un injerto de nervio-músculo, permitiéndole un rango complejo de movimientos más allá de las prótesis anteriormente utilizadas. En el año 2004, un corazón artificial completamente funcional fue creado.

El continuo desarrollo tecnológico de la biónica y la nanotecnología empieza a plantear preguntas de la mejora, y las futuras posibilidades de cyborg que sobrepasan la funcionalidad original del modelo biológico.

La ética y el deseo por prótesis mejoradas han sido debatidas; sus proponentes incluyen el movimiento transhumanista, con su creencia respecto a que las tecnologías emergentes pueden asistir a la raza humana para el desarrollo, más allá de sus presentes limitaciones normativas como el envejecimiento y las enfermedades, así como incapacidades más generales, como lo son las limitaciones en velocidad, fuerza, resistencia e inteligencia. Los oponentes del concepto describen lo que creen respecto a los sesgos que impulsan el desarrollo y la aceptación de dichas tecnologías, a saber, un sesgo hacía la funcionalidad y eficiencia que podría obligar a asentir una perspectiva del ser humano que resta importancia al definir las características de las manifestaciones actuales sobre humanidad y la persona, a favor de la definición de términos de mejoras, versiones y utilidad.

Hagamos ahora un poco de historia, sobre todo citando a algunos de los cyborg pioneros reconocidos como tal.

  1. N. Harbisson. Se dice de él que ha sido el primero de la historia. Este británico nació con acromatopsia, una enfermedad que impide distinguir la gama completa de colores: solo observaba los valores blancos, negros y grises. Para equilibrar el déficit, encontró la solución en una antena auditiva que, conectada al cerebro, le permite escuchar los colores, incluso hasta percibir algunos invisibles como infrarrojos y ultravioletas (lo que, a su vez, le otorga la ventaja de saber si los niveles son adecuados para tomar el sol, por ejemplo).

La antena cuenta con un receptor externo siempre orientado hacia donde él dirige la mirada. Gracias a un pequeño chip, el aparato es capaz de traducir las distintas frecuencias de la luz y la composición de los colores del mundo real, en frecuencias audibles.

Es el primero de su categoría en ser reconocido por un Gobierno. Él mismo dice que no está usando, ni llevando tecnología, él mismo es tecnología.

  1. Ribas es una artista española que puede percibir cualquier terremoto, sin importar el lugar donde ocurra. Es reconocida por tener una conexión con la tierra extrasensorial, gracias a un implante sísmico online en su brazo, que le permite percibir terremotos en tiempo real en cualquier lugar del planeta, mediante vibraciones. Siente desde un movimiento de nivel 1 en la escala de Ritcher hasta el más grande que se produzca.

Es cofundadora (junto a Harbisson), de la Cyborg Foundation, una organización especializada en facilitar a los humanos el convertirse en cyborg y defender sus derechos.

(falta nombre) El cineasta porta un dispositivo en el ojo que le permite grabar y, a la vez, transmitir a un monitor (Eyeborg Project), desde el año 2009. Su ojo electrónico, que suplanta al que perdió cuando era niño no le devolvió la visión, sino que el fin fue gozar de una nueva utilidad: siguiendo el enfoque de su mirada, es capaz de grabar gracias a la microcámara que lleva la prótesis, y de enviar de forma inalámbrica la imagen a un receptor. A través de una batería recargable vía USB, el dispositivo dispone de una autonomía de aproximadamente dos horas.

  1. Dancy se define como un usuario “inteligente” que usa la tecnología a su favor que, por medio de cámaras, sensores o aparatos portátiles, monitoriza su cuerpo y controla prácticamente cada actividad de su vida cotidiana. Conocido como el hombre más conectado del mundo, tiene 11 dispositivos repartidos por el cuerpo que digitalizan los movimientos, la temperatura corporal, la presión sanguínea, el oxígeno, el peso, los alimentos ingeridos, la calidad del aire que respira, el volumen de su voz, la temperatura ambiente, la humedad, la luz y el sonido.
  2. Warwick es un profesor de cibernética en la Universidad de Reading, que decidió introducirse en el mundo cyborg. Experto en robótica e inteligencia artificial, se sometió a distintas experiencias. La más destacada fue cuando a fines de la década de los 90 se instaló en su brazo un chip que le permitió controlar luces, puertas, ascensores, e incluso otras computadoras. En busca de lograr comunicación electrónica entre dos sistemas nerviosos continúa realizando investigaciones sobre interfaz cerebro-computadora.
  3. Von Cyborg se implantó un imán en la vagina y presume de haber sido la primera en tener un implante magnético de clítoris. Gracias a ese implante, asegura que el campo electromagnético que producen, por ejemplo, los altavoces de una discoteca sonando a todo volumen le proporciona un gran placer sexual.

 

A modo de conclusión, las primeras preguntas que, me cabe, nos podemos hacer todos son:

¿Estamos preparados para la antiobsolescencia programada? ¿Seremos unos Frankenstein 2.0?, porque las posibilidades son infinitas. Y cada vez menos descabelladas.

¿Y si podemos fabricar seres que todos sus órganos sean artificiales y mantengamos solo su cerebro orgánico natural? Dicen que ya se están conservando algunos cerebros congelados para cuando llegue ese momento poderlos instalar en las nuevas estructuras. Es el movimiento de la Singularity University, en Miami. EE.UU.

O se publica en revistas de impacto como Integrative Biology estudios que proponen que no hay ninguna razón para limitarnos a fabricar órganos y tejidos tal y como existen en la naturaleza, y podríamos pensar en la creación de nuevos órganos que mejoren las funciones de los órganos ya existentes.

La Sanidad necesita órganos. Según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), España es el país donde los pacientes que necesitan un órgano donado tienen más posibilidades de recibirlo, y este año se ha superado con creces la cifra de 100.000 los órganos trasplantados.

Sin embargo, el sistema español no es infalible, ni los órganos infinitos, y siguen siendo muchas las personas que ven empeorar gravemente su salud, o incluso, que no sobreviven mientras esperan un trasplante que no llega.

La impresión 3D de órganos, aún en estado muy incipiente y experimental, se presenta como la esperanza para todo aquel que necesite uno, sin necesidad de que exista un donante.

Desde Nature se ratifica lo anterior recordando que, aunque las nuevas estructuras impresas no están listas aún para ser implantadas en pacientes, los primeros resultados de estudios apuntan a que tienen el tamaño, solidez y funcionalidad adecuadas para ser usadas en humanos.

Hasta el momento, los únicos casos de éxito de impresión 3D que ha habido en Medicina son los de las prótesis, ya sea estructuras óseas de titanio u otros materiales que no generen rechazo, como cráneos o costillas, o los conocidos exoesqueletos que facilitan la movilidad a pacientes que tienen algún tipo de movilidad física.

El problema se encuentra cuando se imprimen estructuras orgánicas. En primer lugar, por la dificultad de su proceso, llegando tan solo a “fabricar” pequeños tejidos vivos u órganos muy pequeños para animales. En segundo lugar, porque resulta realmente difícil que el órgano sintético tenga el tiempo suficiente como para vascularizar en el organismo de una persona, y cuando el órgano es trasplantado, tiende a morir por falta de nutrición.

Tomemos este tema en serio, lo es y mucho. El colectivo que viva en nuestro planeta a partir de 50 años desde ahora, más o menos, puede estar compuesto también de estos habitantes.

Como no vamos a verlos personalmente, sigamos lo que nos adelantó Asimov, y vayamos disfrutando las ventajas que nos van aportando los cyborg ya en nuestro sector sanitario, y mejoremos nuestra vida actual alargándola y con calidad.

Porque esto es ya una realidad cada vez más cotidiana: desde los complejos trasplantes de órganos a las simples lentillas, desde los correctores dentales para adolescentes a las prótesis cada vez más sofisticadas, o desde los antidepresivos a la Viagra, la ciencia y la tecnología hace tiempo que trabajan para eliminar, modificar o mejorar aquellas estructuras congénitas, aquellas deficiencias naturales, aquellos efectos indeseados del azar, ciertos sentimientos o sensaciones calificados como indeseables, o simplemente esa degeneración progresiva que lleva implícita la edad.

Olvidemos, por favor, de una vez por todas ya pensar que esto que he escrito hoy es ciencia-ficción.

 

José María Martínez