Comprender lo que hacemos
Solo sé que no sé nada, es la sensación que tengo cuando intento profundizar un poco en el conocimiento y subirme a la vertiginosa ola de la evolución de la IA. Imagino que no es tan infrecuente esa frustración sentida cuando aprendes ciertos secretillos de cómo sacarles algún partido a las nuevas herramientas y ya están totalmente obsoletas, ya hay otras muchas más que no conoces. La velocidad del cambio abruma realmente, me siento cual hámster corriendo en una ruedecilla interminable.
Me dice una IA que la frase no es de Sócrates, que es solo una atribución popular que se le hace, que no aparece de forma literal en ninguna obra antigua, sino que es una síntesis moderna de varias ideas expresadas en la Apología de Sócrates de Platón y que, en esos pasajes, Sócrates afirma que no sabe nada valioso y que, a diferencia de otros, no cree saber lo que no sabe. Renuncio a verificarlo, de verdad, no me da la vida para leerles con calma ni para confirmar que estas afirmaciones sean ciertas, pero me adhiero totalmente a la sensación: no tengo ni idea de lo que no sé, aunque pueda intuir que es inmensamente grande lo que desconozco y todavía mayor lo que no comprendo.
Esta diferencia entre saber algo y comprenderlo quizá sea más importante de lo que parece cuando hablamos de inteligencia artificial y de transformación digital en organizaciones sanitarias, porque ¿podríamos cambiar de verdad aprendiendo a utilizar nuevas herramientas sin terminar de entender lo que significan para nuestro trabajo o cómo funcionan?
En 1980, el filósofo John Searle propuso el experimento mental de la habitación china. Imaginemos a una persona que no sabe chino, encerrada en una habitación. Recibe símbolos y, siguiendo un manual, devuelve otros que parecen respuestas correctas. Desde fuera, podría parecer que entiende el idioma, pero solo aplica reglas: maneja la sintaxis sin comprender la semántica, el significado de aquello que hace.
‘La tecnología siempre es un instrumento, puede ayudarnos, pero somos nosotros quienes tenemos que darle sentido’
En los hospitales también podemos quedarnos en la sintaxis. Implantamos una aplicación, enviamos instrucciones, organizamos una formación y marcamos el proyecto como completado. Pero después, en el día a día, algunos profesionales mantienen sus hojas de cálculo, otros duplican registros y otros no saben cómo resolver una incidencia. La herramienta está instalada, pero no necesariamente ha mejorado la forma de trabajar.
Seguramente no se trate únicamente de la conocida resistencia al cambio. Es muy probable que no hayamos explicado bien para qué sirve, escuchado e implicado a quienes la utilizan o adaptado el proceso a la realidad de los servicios. Cumplir los pasos previstos no garantiza que el cambio tenga sentido. Lo esencial no es solo que la tecnología funcione, sino que ayude a resolver el problema que justificó incorporarla y que entendamos el lugar que ocupa en nuestro trabajo.
Es en este punto cuando deberíamos mirar más allá de la implantación y preguntarnos qué problema se quería resolver y si realmente se ha resuelto, si nos ahorra tiempo, desaparecen tareas duplicadas o si los profesionales pueden trabajar con más autonomía. Formar no es solo enseñar dónde hay que hacer clic, igual que comunicar no es limitarse a enviar un correo o convocar una reunión.
Relajémonos un poco, por tanto, en intentar conocer todas las herramientas que aparecen o dominar cada novedad porque nos resultará imposible. Transformar no es correr más deprisa para no quedarnos atrás (aquello del hámster en la ruedecilla infinita) sino encontrar una manera diferente y mejor de hacer las cosas. La tecnología siempre es un instrumento, puede ayudarnos, pero somos nosotros quienes tenemos que darle sentido. Sigo abogando por la idea de que, en medio de tanto y tan trepidante cambio, no necesitamos tener todas las respuestas sino conservar la curiosidad para hacernos buenas preguntas y la humildad de escuchar lo que otros tienen que enseñarnos. También eso es transformar, se llama método Socrático y es muy vintage.
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