Puede parecer que en estos tiempos que corren hablamos de una fantasía, de un paradigma imposible. Pero, independientemente de que esto, tiene cierta parte de verdad, lo importante es que el gobierno abierto es ya, parte de una realidad tangible, amparada por la ley, con mayor o menor existo dependiendo de diversas variables. Eso sí que es indiscutible.
La confianza se convierte, en el gobierno abierto, en un indicador de una sociedad cohesionada y saludable, de un sistema político estable y, en consecuencia, en una aspiración para los actores políticos y para la construcción de una sociedad civil y un estado sólido y democrático, con respeto en el ciudadano y basado en la rendición de cuentas de impuesto por la transparencia. Estas características son las que toman las riendas y son la clave para el gobierno abierto.
Y cabria hacer un binomio casi indisoluble: transparencia/gobernanza o gobierno abierto en el que cabe preguntarse si las políticas de gobierno abierto son capaces de crear confianza. La respuesta es: depende.
‘La confianza institucional tiene una naturaleza compleja’
La confianza institucional tiene una naturaleza compleja y tres dimensiones que la componen, sistemáticamente diferentes, pero empíricamente difíciles de distinguir y cuantificar. Por un lado, la confianza presupone un ejercicio cognitivo/racional que implica evaluar información pasada y presente del entorno; por otro lado, existe un componente afectivo/emocional vinculado a socialización primaria y secundaria, a las expectativas de futuro y a la suspensión de la duda sobre aquello en lo que se confía, y, por último, la confianza tiene un correlato sociológico/rutinario basado en la presuposición de que los otros actuarán de modos correctos,
la gobernanza como el sistema de gestión social más legítimo y eficiente en los tiempos que corren, y pretendemos la colaboración entre funcionarios, políticos y ciudadanos cobre vida, la confianza debe entenderse como un elemento clave para que la gobernanza suceda, y el gobierno abierto una oportunidad de instaurar un nuevo paradigma de interacción.
En un sistema sanitario, precisamente una buena gobernanza otorga al sistema un valor extra que, sin duda, requiere de la confianza, de paciente/ciudadano. Ya que per se, en el ejercicio de la actividad sanitaria juega un papel esencial el valor de la confianza.
No cabe duda de que los ideales pueden ser una esencia de un paradigma idílico de buena gobernanza, pero lo cierto es que forma parte de la sociedad actual como un modelo institucional necesario basado