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La cirugía cosmética “fuera de sospecha”

Victor GarcíaHace 10-15 años nuestros pacientes (entonces mujeres, por abrumadora mayoría) tenían asumido, para rejuvenecer, pasar por el quirófano a partir de los 40 años. Ahora lo postergan a cambio de la bioestimulación con células madre y factores de crecimiento, los injertos de grasa autóloga, el ácido hialurónico, la toxina botulínica, los peelings químicos, el láser, la radiofrecuencia, la fotoestimulación con leds, etcétera.

Todo este arsenal terapéutico, eficaz y seguro, para conservarse jóvenes parece ser ahora la primera elección, evitando el quirófano. Arsenal terapéutico (equipos, medicamentos y productos sanitarios) fruto de la mayoritaria apuesta de los laboratorios y fabricantes por un desarrollo consolidado en el rigor científico, basado en investigaciones, ensayos clínicos, etcétera, antes y después de su puesta en el mercado.

Además, en la actualidad, tras los problemas detectados con los implantes mamarios PIP, algunos han querido poner a la cirugía cosmética ‘bajo sospecha’, globalmente infundada pero en cualquier caso existente. El halo de los riesgos quirúrgicos, del propio proceso o de la anestesia, siempre ha existido, y el asunto comentado no ha hecho más que aportar mayores dudas y temores.

Los usuarios exigen mayores controles sobre la regulación, homologación y autorización de las instalaciones donde se realizan determinados actos terapéuticos, sobre la competencia de los profesionales, sobre la información que reciben los pacientes, sobre las técnicas de marketing demasiado agresivas, sobre la regulación de unos imprescindibles y adecuados cuidados postoperatorios, sobre las garantías de seguimiento de la evolución (por ejemplo, en el caso del turismo sanitario), sobre la protección jurídica cuando las cosas no van bien, etcétera.

Y, por si fuera poco, la crisis económica, que reduce el poder adquisitivo directo o indirecto (basado en operaciones financieras de crédito) de los consumidores, supone el último de los obstáculos para la cirugía cosmética.

Los resultados de algunas encuestas realizadas en los últimos meses son altamente significativos. En una de ellas, en la que se entrevistó a más de 1.700 personas, llamaba la atención que:

  • El 67 por ciento de los encuestados consideraba el precio como el elemento fundamental (por encima de cualquier otro) a la hora de decidir si se sometería a una cirugía cosmética (66 por ciento en el caso de procedimientos no quirúrgicos.
  • El 54 por ciento de los encuestados (50 por ciento para procedimientos no quirúrgicos) tomaría en consideración la cualificación del médico. 

  • El 44 por ciento (36 por ciento para procedimientos no quirúrgicos) valoraría las prestaciones en el postratamiento (controles, curas, etcétera) y el seguimiento hasta el alta definitiva. 

  • Cuando los encuestadores hicieron referencia al caso de las prótesis PIP, casi la mitad (45 por ciento) de las mujeres encuestadas que habían considerado la posibilidad de someterse a cirugía cosmética dijeron que reconsiderarían su decisión. En el caso de los hombres fueron sólo el 24 por ciento de los encuestados. 


En general, resultó llamativa la poca preocupación que manifestaron la mayoría de los encuestados respecto del riesgo vital y de las posibles complicaciones a medio y largo plazo. 
En cualquier caso esVictor García notoria esa preferencia hacia los tratamientos no quirúrgicos que señalábamos al principio.

 

“LOS TRATAMIENTOS NO QUIRÚRGICOS RESULTAN ALTAMENTE EFICACES PARA RETRASAR LA NECESIDAD DE UNA CIRUGÍA CUANDO SE REALIZANA A TIEMPO” 


 

Hace unos años, al cumplir 40-45 años ya pensábamos inexorablemente en un lifting. En la actualidad, esto ocurre al menos 10 años más tarde. La gran ventaja de retrasarlo es que, además, se evitará tener que repetirlo. 
Los tratamientos no quirúrgicos resultan altamente eficaces para retrasar la necesidad de una cirugía cuando se realizan a tiempo, es decir, cuando se aplican antes de la consolidación de lo que se denominan signos extremos: las arrugas, las manchas y la flacidez. 
Además nunca deben desconsiderarse los riesgos de cualquier procedimiento quirúrgico, evidentemente 
 controlados, pero inherentes al hecho de serlo y por ello insoslayables: anestesia, trastornos locales de la movilidad y/o de la sensibilidad, asimetrías, cicatrización, etcétera

En los tiempos que estamos viviendo, otras dos ventajas de los procedimientos no quirúrgicos frente a los quirúrgicos deben ser tenidas en cuenta. La primera, la cuestión económica: un procedimiento quirúrgico suele ser inevitablemente más caro, y no solo por los honorarios del facultativo sino por cuestiones consustanciales: hospitalización, quirófano, anestesista, etcétera. La segunda, las repercusiones laborales y sociales: un procedimiento quirúrgico suele determinar una interrupción de las actividades habituales, por la necesidad de un determinado reposo o simplemente por cuestiones insoslayables como los vendajes o los estigmas visibles propios del procedimiento (cicatrices, suturas, inflamación, hematomas, etcétera) que los pacientes desean ocultar.

Finalmente, resulta necesario considerar que existen recientes avances tecnológicos y de procedimiento que permiten obtener resultados equivalentes a los de la cirugía con tratamientos mini-invasivos.

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