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Premios New Medical Economics 2018

¡Ya conocemos a los GANADORES de los Premios New Medical Economics 2018!

Con ojo clínico. Concentrarse o morir.

Los que nos movemos en el mundo profesional de la gestión sanitaria vemos con asombro cómo se manejan en los medios de comunicación términos que no ayudan, ni mucho menos, a la dignificación del buen hacer de muchos profesionales que llevamos años y años intentado que, incluso, el gestor sanitario sea considerado como una carrera profesional al nivel de las de ámbito sanitario tradicionales.

Además de la internacionalización, viene esto a colación ahora porque, aparte del fenómeno de ella, lo que está de moda para salir en las noticias es el fenómeno que podemos denominar de concentración de empresas sanitarias y así, se lee o se oye que IDC “compra” Rúber y, antes, Quirón y Vithas o Sanitas hacen lo propio con Xanit y Virgen del Mar, por citar sólo dos ejemplos recientes.

Y hay otro componente que, por cierto, me deslumbra, el hecho de que cause asombro o sorpresa a mucha gente. Evidentemente, no pueden ser personas muy metidas en este mundo  profesional nuestro, aunque a veces lo aparenten por el número de veces que se les ve desfilar por las distintas ventanas informativas del sector.  Es, realmente,  un hecho que veníamos anunciando y publicando desde hace ya, al menos, cuatro o cinco años. Entonces si era motivo de portada.

Y lo era porque en todos los sectores lo ha sido, lo es y lo será cuando, además, se contemplan unas altas cifras de facturación (en la medicina pública y en la privada) y un número de clientes (pacientes) tan grande.

Concentrarse o morir

Pero mi objetivo en este artículo en concreto no es hablar sobre aspectos económicos de la cuestión como que si 1+1 son menos de 2 (en todos los aspectos de estas integraciones sucede, en personal e instalaciones sobre todo), o si es bueno para establecer criterios de compras conjuntas, por ejemplo. Tampoco debería ser sorprendente, porque si la pública es una sola empresa y actúa como un oligopolio y se considera que es bueno para el paciente, es razonable que la parte privada reaccione de forma similar, máxime cuando sus prestaciones son complementarias y recordamos que la medicina es sólo una, sin apellidos.

Este es un artículo de opinión y aspira en primer lugar a matizar los términos y solicitar que, por favor, se utilicen como deben ser y ayudar así a que se digan bien. Veamos.

En sentido amplio, las fórmulas de integración empresarial más empleadas por las empresas se clasifican como:

  • Compra, acción por la cual una primera empresa dominante adquiere el capital suficiente de una segunda de menor tamaño que permite controlarla.
  • Fusión, acción por la cual dos empresas, habitualmente de tamaño similar, deciden unirse para formar una nueva y única lo que implica la desaparición de las dos anteriores.

 

CON OJO CLÍNICO

 

  • Joint venture, acción entre dos o más empresas cuyo objetivo es la creación de una nueva empresa con un control compartido determinado previamente y que no cambia la situación interna de las empresas madres.
  • Participación financiera, cuando la compra de acciones de una empresa no supone su control.
  • Acuerdo, la acción entre dos empresas o más, que no implica ni la creación de una nueva empresa, ni la compra, ni la fusión ni la participación financiera.

A menudo estas categorías se combinan, por lo que el mejor término a utilizar siempre es el de acuerdo que, además, suele contemplar acciones reversibles tanto una vez conseguidos los objetivos marcados como si se fracasa.

Evidentemente, las causas principales de la concentración ya las he insinuado al principio: conseguir sinergias y economías de escala y disminuir el número de competidores. Con ello se acelerarán los crecimientos necesarios y la innovación.

Y alguien me dirá que, sobre todo, hay que aumentar la eficiencia y para eso no hace falta ser grande. Es verdad, pero, sin embargo, eliminar la atomización tan grande existente en España (hasta hace poco tiempo los cinco grandes grupos empresariales sólo contaban con el 30 por ciento de las camas del sector privado), salvo en casos muy especializados o particulares, será una de las pocas formas existentes de garantizar la consolidación y supervivencia general de la medicina privada.

Ha sido una pena que no se haya producido antes y que hayan tenido que ser factores perjudiciales graves como, por ejemplo, la congelación de las primas de Muface, la reducción de las tarifas que las compañías aseguradoras abonan a las instituciones privadas (hasta un 30 por ciento en los últimos tiempos) o la cancelación de los conciertos públicos-privados debido a los recortes presupuestarios, los que han abocado a la situación actual no de forma voluntaria. 

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